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03/03/2008

ORTIZ ARRIETA: EL SANTO CHACHAPOYANO

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    Cuando el 8 de diciembre de 1891 se abren las puertas en tierras peruanas el oratorio salesiano, entre cientos de niños del Rímac que participaron de los juegos con los sacerdotes salesianos, hubo un niño pequeño, tímido que con el tiempo sería uno de los sacerdotes y obispos peruanos de mayor trascendencia: OCTAVIO ORTIZ ARRIETA.      

   

Nace en Lima el 19 de abril de 1879, fruto de la relación de Manuel y Benigna Coya, que con sus ocho hermanos formaron una familia muy unida y modesta condición económica, pero rica en fe cristiana. En el año de 1893 en compañía de 40 niños más, es admitido en la escuela profesional de los salesianos, donde fue aprendiz de carpintería. Por sus virtudes, Octavio Ortiz Arrieta, el 4 de mayo de 1898 es admitido en el noviciado saleciano, convirtiéndose en el primer sacerdote de esta congregación en el Perú, el 27 de febrero de 1907. Sus tareas sacerdotales las realizó con esmero en Piura, Cuzco y Callao, siendo elegido obispo de la lejana Diócesis de Chachapoyas a los 42 años de edad. Chachapoyas, sería testigo directo de sus obras, vida ejemplar y de santidad. 

EL OBISPO OCTAVIO      

   Monseñor Ortiz Arrieta había conocido la pobreza de los barrios obreros donde había nacido, una pobreza que con el trabajo y el esfuerzo lo podía vencer. Ahora tiene que conocer la otra cara de la pobreza: la de miles de pueblos indígenas, antiquísima, cristalizados por un sistema de propiedad feudal. Chachapoyas, estaba dividida entre las grandes haciendas de los patrones, de otra parte la de los agricultores independientes que vivían en las comunidades indígenas de la sierra. Sabía que tenía que lidiar con un gobierno central lejano y distinto de esta zona. Sabía que tenía que iniciar una revolución cristiana y social paciente, a fin de cambiar el rostro histórico de la Diócesis, que carecía de carreteras, caminos de herradura, puentes, agua, luz y desagüe. Es decir abandono total. Era necesario levantar la voz con dignidad, para abrir los ojos de las autoridades centrales y conseguir todo lo que fuera posible 

OBRAS SOCIALES 

    Desde el primer año abrió una escuela nocturna para aquellos trabajadores que no habían tenido la posibilidad de instruirse. Puso a disposición los locales del Seminario. Más tarde abrió la escuela rural para mujeres y después el Colegio Nacional de mujeres. Organizó un Centro Cultural para adultos, invitando a notables docentes para los ciclos de conferencias. Varias veces intervino ante el Presidente de la República para que se construyesen los caminos necesarios para poner en comunicación su zona andina con el resto de la nación. En 1932 y en 1937 se construyeron dos grandes trozos de carretera que permitieron a su gente salir de aquel aislamiento antiguo que lo llevaba a una especie de fatalismo. Publicó el quincenario “El amigo de las familias”, dando a conocer a nivel nacional los problemas de su Diócesis. En 1936 vio realizado otras de sus iniciativas que había patrocinado: la electrificación de Chachapoyas y de las zonas vecinas. En el mismo año pudo bendecir la construcción del Hospital de Chachapoyas. En el centenario de la fundación de la ciudad, obtuvo junto a otras autoridades la instalación del servicio de agua potable y la dotación de una estación radiográfica para las comunicaciones con la capital y las otras ciudades del Perú. 

DE HOMBRE A SANTO 

     Durante su misión pastoral, Octavio Ortiz Arrieta, marcó la diferencia con sus antecesores y los que en el futuro le sucederían. Su trato, amabilidad, paciencia, profundo amor y devoción han hecho que hasta hoy sea recordado por toda la grey amazonense. Hasta hoy hay voces que cuentan una serie de historias sobre él: Milagros, anécdotas, sonrisas y la mano tendida para el pobre, el desposeído. Cuentan sus largas e interminables misiones pastorales, a lugares que llegaba era fiesta durante su estadía. No era pretencioso. Era un hombre que sabía su misión en la tierra. Tuvo la oportunidad de ser Arzobispo de Lima y primado de la iglesia catoliza en el Perú; ante la ofrecimiento del Nuncio Apostólico, rehusó el cargo porque dijo que se había casado con su Diócesis. Más pudo su amor a Chachapoyas, que cuando iba a morir, dijo para la historia una frase que sigue grabado en la mente de los chachapoyanos: “Pido perdón a todos por mis pecados, que María Auxiliadora nos proteja siempre” El primero de marzo de 1958, a los ochenta años muere en olor a santidad. Una multitud nunca antes vista acompañó a su entierro. Dicen que antes de poner en su sepultura, dos palomas blancas se posaron en su féretro, como si fuera el Espíritu Santo que bendecía delante de sus hijos el cuerpo inerte de Octavio Ortiz Arrieta, el santo limeño de nacimiento, Chachapoyano de eterno corazón.

Lunes, 03 de Marzo de 2008 10:12. Autor: mcabanas. #. Tema: PERSONAJES Hay 1 comentario.

03/09/2007

ATAHUALPA: EL INCA CHACHAPOYANO

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Los incas, en su proceso de expansión del Tahuantinsuyo, han desarrollado una serie de estrategias para incorporar a las diversas etnias o culturas que emergían en el Perú preincaico. En la selva norte del país, se consolidó la Cultura de los Chachapoyas, gente de raza singular por su contextura y color de su piel, destacándose la hermosura de las mujeres chachapoyanas, hecho que motivo más de una expedición a estas tierras.

     Huayna Capac, el gran conquistador, tuvo varias visitas a la tierra de los Sachapuyos, celebrando inclusive la fiesta del sol en Leymebamba por el año de 1475, a la cual la denominó como Raimipampa. Conocida la beligerancia de los chachapoyas, realizó una serie de negociaciones para la conquista de esta llacta, llegando inclusive a construir el canal empedrado de Ashpachaca para el traslado de agua para la población de Levanto, a cambio del amor de una de las hijas de esta región. 

    Es así que una vez aceptado como pretendiente Huayna Capac, toma por esposa a la bella Tocto Allhuaman, que engendra a su hijo y negado inca Atahualpa, que años más tarde sería el que fortaleciera la presencia incaica en tierras ecuatorianas y colombianas con el apoyo de otra raza noble y guerrera como son los Cañaris con quienes hizo su ingreso al Perú para iniciar la guerra civil contra su hermano Huáscar. Guaman Poma de Ayala (que se presume sea el seudónimo del cronista chachapoyano, Blas Valera Pérez), en sus Crónicas y Buen Gobierno, describe este hecho, que hoy sigue siendo tema de controversia, inclusive entre connotados historiadores de Ecuador y Perú, donde Atahualpa es la figura emergente de la identidad ecuatoriana y en nuestra patria, el rebelde que desafío su propio destino, que le condujo a su muerte por los españoles en Cajamarca a la edad de 45 años. Muerte facilitada por el envenenamiento de los españoles a decenas de indios que formaban parte del séquito de Atahualpa. 

    Tocto Allhuamán, conocida también en la nobleza cuzqueña como Amamanchic, además de Atahualpa, tuvo a otros hijos como Calcuchimac, Rumiñahui y Quis Quis. Leyenda o no, la mujer de Chachapoyas tuvo gran influencia en el imperio cuzqueño, ya que por versión de los cronistas e investigadores, tanto Tupac Yupanqui como Huaina Capac, han tenido como concubinas a la belleza chachapoyana, que con sus encantos, conquistaron el corazón de los incas, que les permitió la benevolencia con esta tierra, que nunca fue saqueada como otros pueblos que tras su sometimiento a la corona inca, se destrozó su pasado para perderla en la historia y el tiempo.

    Naturalmente este comentario ha sido consultado a historiadores peruanos y ecuatorianos quienes también tienen conocimiento de esta versión, que si bien no es un hecho oficial, pero motivará sin duda alguna a que los “genios de la historia” busquen en algún pedacito olvidado del pasado y ubicar la existencia genética, territorial y social de Atahualpa que en su sangre llevó la gallardía, coraje y señorío de los Chachapoya.  

Fuente: "Crónicas y Buen Gobierno" Guamán Poma de Ayala

Libro "Chachapoyas conociendo su pasado" Milano Rodríguez Rodríguez

Lunes, 03 de Septiembre de 2007 19:24. Autor: mcabanas. #. Tema: PERSONAJES Hay 4 comentarios.

16/08/2007

BLAS VALERA : EL CRONISTA NEGADO DEL VERDADERO PERU

         Se dice que la historia, por ser descrita por el hombre, está sujeta a modificaciones y cambios a fin de preservar los intereses, sea éstas personales, como de grupo y sociedad. Así también fue la iglesia colonial, que con el cuento de herejías, se han perdido, quemado, escondido el aporte intelectual de muchos peruanos que en la época colonial y esclavizante del Perú, tal como hoy se conoce lo hecho a BLAS VALERA PEREZ, que a juicio de los modernos y revolucionarios historiadores, es el primer cronista mestizo del Perú, superando al Inca Garcilazo de la Vega y que Felipe Guaman Poma de Ayala, sea un seudónimo de este chachapoyano, que por ser nacido en un pueblo pequeño y sin linaje de sangre y clase, hasta hoy vive en el anonimato mundial. 

     Me he permitido, para compartir con ustedes este artículo, tomar parte de las investigaciones que se publican en los medios electrónicos, así como el gran aporte que realiza el Dr. Peter Thomas Lerche, la Dra Myriam Mikelmeyrs, catedrática en una universidad alemana que conocí el año 2002, que por diversas fuentes de investigación llegan a la común conclusión: BLAS VALERA el verdadero y primer cronista mestizo del Perú.

    Blas Valera Pérez nació en Levanto, el día de San Blas, el 3 de Febrero de 1545. Sus padres fueron el Conquistador Alonso Valera y su madre la indígena Urpai (muerta cruelmente 10 años después por su esposo).  Su abuelo, el hampicamayoc (curandero) Illahuanca jugó un rol central en su juventud.

      Hizo sus primeros estudios en Trujillo y los prosiguió en Lima. Ingresó como novicio en la Compañía de Jesús en 1568 y fue posteriormente ordenado en el Cusco en 1573. Dados sus conocimientos de quechua, participó en las misiones que los jesuitas habían establecido en Huarochirí, importante centro prehispánico de culto que a principios del siglo XVII fue escenario de la más intensa campaña de extirpación de idolatrías, llevada a cabo por Francisco de Ávila. En Cusco, Blas “el mestizo que se sentía indio”  comienza, motivado por los pensamientos de Ignacio de Loyola, a organizar y dirigir un movimiento neo-inca-cristiano. Por sus críticas abiertas frente a los abusos cometidos por el régimen colonial hispano, a partir del 1578,  los Jesuitas resultan más y más bajo presión política, siendo amenazados de su expulsión del Virreinato peruano.

       Según, Peter Thomas Lerche, bajo el pretexto de un asunto de faldas: “se juzga que conviene despedir al Padre Blas Valera; tome por ocasión lo que hizo con la muger y le despida; y si no, que le tenga etcétera”,. Sin embargo la investigadora  italiana Minelli, afirma que Blas Valera fue encarcelado, y luego desterrado a España, no por un asunto de mujeres como se había dicho, sino por un delito mucho más grave, herejía y subversión política : es decir algo que puso la entera provincia jesuítica peruana en gravísima tensión con la Inquisición  Blas fue encarcelado por herejía durante diez años con el fin de romper su espíritu de rebeldía.  Durante este encarcelamiento Blas se enfermó y fue enviado a España.   Durante el ataque inglés a la ciudad de Cádiz, Valera logra salvar una parte de su obra y la entrega al Inca Garcilaso de la Vega para su publicación.


             En 1597, en la ciudad de Málaga, la superioridad jesuítica le propone lo siguiente: Expulsión de la Orden, o muerte jurídica.  Blas escoge la “muerte” :
“yo padre Blas Valera muerto ficticiamente por orden de quien prefirió la mentira a la verdad, de quien con acusaciones no merecidas llegó casi a expulsarme de la Compañía de Jesús…”.

Poco después, el Padre Blas se escapa, vuelve al Perú y vive durante 19 años en la clandestinidad, apoyado por sus paisanos jesuitas, como Gonzalo Ruiz. Se han descubierto varios documentos, donde se hace mención de “un vivo muerto”, rebelde,  llamado “Ruiruruna”. Ruiruruna era el nombre del bisabuelo de Blas. Últimamente han empezado a circular unos supuestos nuevos datos sobre la biografía de Blas Valera. Los más controvertidos tienen que ver con la "Nueva Crónica y Buen Gobierno", de Felipe Guaman Poma de Ayala, que sería en seudónimo utilizado por Valera. Según la estudiosa Laura Laurencich Minelli, existen tres folios con dibujos en la "Historia et Rudimenta Linguae Piruanorum" que llevan la firma de un "jesuita italiano", Blas Valera. Según Minelli, estos dibujos fueron trazados antes de 1618, año en que muere este jesuita mestizo en Alcalá de Henares.a muerte oficial de Valera.

            Al parecer, el objetivo de Valera en Europa fue dar a conocer al Papa la verdad sobre la conquista del Perú por Pizarro, quien habría envenenado a los soldados de Atahualpa con una mezcla de arsénico y vino, hecho relatado a Valera por otro conquistador, su propio padre, Luis Valera. El general de la Compañía, Claudio Aquaviva, era contrario a las intenciones de Valera, por lo que éste fue declarado muerto y hubo de exiliarse en España, donde se supone que compartió parte de sus trabajos con el Inca Garcilaso de la Vega.

     En fin, hipótesis o no, las investigaciones realizadas hasta la fecha por Laurencich Minelli, Myriam Mikelmeyrs y últimamente Peter Thomas (actual alcalde de Chachapoyas), debe ser motivo de gran orgullo para todos los que somos herederos de la Cultura Chachapoyas, que con estos descubrimientos que asombran a la humanidad, ya que desenterrando el pasado, las figuras emblemáticas del Inca Garcilazo de la Vega y Guaman Poma de Ayala, dejarán su paso a este chachapoyano, artífice de las crónicas reales de lo que sucedió en el Perú del pasado. Pasado que debe ser asumido como reto de todos para apoyar a su develación para que todos aportemos y demos la verdadera importancia del aporte de Chachapoyas y sus hijos al desarrollo cultural, intelectual y político de nuestra nación, tanto en la colonia  como en el Tahuantinsuyo. 

Jueves, 16 de Agosto de 2007 11:55. Autor: mcabanas. #. Tema: PERSONAJES Hay 1 comentario.

11/04/2007

RODRIGUEZ DE MENDOZA: EL CHACHAPOYANO INSURGENTE

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La historia de la Independencia del Perú, está plagada de sucesos que la hacen más cautivadora para historiadores y estudiantes del país: Personajes, insurgencias, levantamientos, acciones heroicas. Entre toda este abanico de oportunidades que se nos presenta, tendremos que rescatar la figura de Don Alejandro Toribio Rodríguez de Mendoza Collantes, calificada como una de las personalidades más influyentes del mundo intelectual y político de la naciente republica peruana.

INFORMACION BIBLIOGRAFICA        

      Alejandro Toribio, nace en la ciudad de Chachapoyas el 17 de abril de 1,750, siendo sus padres los nobles criollos Don Santiago Rodríguez de Mendoza Hernani de Arbildo y Doña María Josefa Collantes Paniagua. Es el mayor de tres hermanos, siendo los menores Domingo y José Fabián (calificado como el Gran Protector de Chachapoyas, por las obras que hizo en esta ciudad).

      Ante la carencia de centros de instrucción, recibe la asistencia de las primeras letras en forma particular en su domicilio, partiendo a Trujillo a los doce años de edad para ingresar al Seminario San Carlos y San Marcelo. Este traslado significa un cambio profundo de medio y de ambiente. Lejos de la familia y a pocos años de haber perdido a su madre y por otro lado, la convivencia con un mundo nuevo, diferente, más aún, enclaustrado en un colegio que le permitirá un cambio radical en su existencia. Su ingreso al Seminario como alumno, tiene que cumplir los siguientes requisitos:

  • Doce años de edad
  • Ser natural del obispado
  • Nacido en legítimo matrimonio
  • Se excluyen los hijos de lacayos, pajes de espuela, carniceros, ladrones, afrendados por la Inquisición y escandalosos, así como los mestizos y cuarterones.

      La capacidad del colegio es para 21 estudiantes, de los cuales 12 eran becados. Rodríguez de Mendoza abonaba ciento veinticinco pesos anuales, que le permitía contar con alimentos, vestido y calzado. La fruta y la leche eran regalo para los colegiales y solamente tomaban la primera en los días de comunión, y arroz con leche los sábados.

        El Seminario de San Carlos y San Marcelo, estaba sometida a la influencia renacentista, donde los estudiantes de los primeros años se abocaban a la Gramática. La asignatura principal era el latín formal, la literaria, estudiadamente pulida, de la sociedad culta de la Roma Imperial. La metodología empleada es utilizar un texto regular, y hacer uso de un sistema informal de sentido instrumentalista. Además se enseñaba la dialéctica, que era la lógica formal, que se ocupa de la manera de expresar el pensamiento. Además la Retórica. A este plan de estudios se agregaba las lecturas bíblicas y vida de santos, rudimientos de aritmética y de geometría y los conocimientos musicales que contribuyen a facilitar el canto litúrgico. Cuatro años de estudios le permitió viajar a Lima, para que mediante beca de paga y por decreto del Ilustrísimo Arzobispo Don Diego Antonio de Parada, ingresa al Seminario de Santo Toribio el 29 de Julio de 1766.

        Brillante fue el paso de Rodríguez de Mendoza por los claustros toribianos. Siempre siguió a sus exámenes la nota de "aprobado por todos los votos". El 22 de octubre de 1769 obtiene la distinción de "pasante de Artes" y entraba "a beca de su merced"; y finalmente el 22 de setiembre de 1770, contando con 20 años, recibía el grado de doctor en Teología en la Real Universidad de San Marcos.

        Rodríguez de Mendoza, tenía un espíritu profundamente estudioso, su ansía de saber no se había limitado a los marcos estrechos de su especialidad profesional. Quería que sus ojos ávidos se adurmieran en los vastos horizontes de una cultura integral, y que, dentro de ésta, se detuvieran con el fervor del naturalista ante un motivo de investigación, en la prolijidad de las citas y las alusiones. No pertenecía su mentalidad a la numerosa legión de los que se sometían a la letra del autor seguido o consultado; de los que acataban ciegamente las afirmaciones del filósofo o tratadista escolástico, tan solo por que el principio de autoridad del dogma así lo exigía. Era la suya un alma en que la manía memorista había cedido ante el sentido crítico, ante el que los ortodoxos católicos llamaban escandalizados "libre examen", ante la duda metódica que preconizara Decartes. Polo, un biógrafo de Rodríguez cuenta que "echado en el suelo sobre una alfombra, rodeado de libros, estudiaba día y noche, verificando todas las citas de las obras que leía. Dicha actitud intelectual, le produjera más tarde la seria enfermedad de
"fatiga al estómago" que le condujo a la muerte.

       La capacidad y la dedicación de Rodríguez de Mendoza formarían a su poseedor unos de esos prestigios que nacen en las aulas como anticipo justo del renombre social. En esa época se padecía de buena preparación en el cuerpo docente de los centros de enseñanza y, para colmar este vacío, se acostumbraba designar a los alumnos que se habían distinguido por sus aptitudes y su aplicación. Es así que a los 21 años siendo estudiante, fue designado profesor del Real Convictorio de San Carlos, que se fundó en 1771. El Virrey Amat mediante decreto honorífico, nombra al futuro precursor chachapoyano como profesor en el real colegio en la cátedra de Filosofía y Teología."Fui el primer Maestro que el Superior Gobierno destinó a la enseñanza" habría de recordar 55 años después al rendir su último informe rectoral al Visitador Regio.

          En los claustros de San Carlos se revelaría en breve como un maestro, en la real extensión del vocablo. Esa era la suprema aptitud con que había nacido; esa, la impulsión irresistible que le conduciría durante su existencia a instruir, a educar, desviándole de cualquier otras rutas que hubiera adoptado. La reputación del joven profesor de Filosofía y Teología trascendería, asimismo, a los claustros de San Marcos. El cinco de febrero de 1773, el Doctor Valera, Rector de la Universidad de San Marcos, nombra a Rodríguez de Mendoza "Regente de la Cátedra del Maestro de las Sentencias". En breve, el seminarista toribiano extendía el círculo de sus admiradores, demostrando con su talento y su saber que era muy digno de llevar el capelo y las borlas de Doctor que recibiera el año 1770.

      Con su marcada y diferenciada inteligencia frente al resto de estudiantes, Rodríguez de Mendoza, se convierte en una rara avis seminarial. Lo es porque viene de Chachapoyas, una región del oriente peruano totalmente desconocido por la mayoría de limeños y criollos. Dentro de una ilimitada concepción del proceso simbiótico entre hombre, medio y ambiente, sus características sirven para explicar cómo, en un nativo de esta región, pudo producirse, en el período que queda entre el ocaso de una etapa histórica y el alborear de otra, un tipo tan genuinamente peruano y de tan contrastables rasgos sicológicos y de una inteligencia sobresaliente a los de su generación. Aquí surge la marcada relación de amistad con Vicente Morales Duárez y Mariano Rivero de Aranibar , con quienes posteriormente realizarían la gran transformación pedagógica en el Real Convictorio de San Carlos. Es así que simultáneamente vemos en esta etapa de su vida, dictando cátedra en el Convictorio, en San Marcos y como asesor del Cabildo y del Consulado limeño.

       A la par de sus cualidades de maestro, Rodríguez de Mendoza toma la determinación de ordenarse de sacerdote, bajo la guía teológica de Don Baltazar Jaime Martínez de Compañón, quien se convertiría en Arzobispo de Trujillo y por ende pastor de la grey chachapoyana, que en una de sus visitas pastorales en 1786 dona parte de fortuna para la creación de la primera escuela de Artes y Ciencias en la ciudad de Chachapoyas.

         Luego de ordenado sacerdote, por expresa oposición le destinan al curato de Marcabal, centro poblado perteneciente al actual distrito de Huamachuco en el departamento de La Libertad, a diez kilómetros de Cajabamba (Cajamarca). Esta posición codiciada le asegura su subsistencia. Desde el punto de vista religioso satisface el anhelo que un pastor de almas ha de abrigar en un sentido de vivir cerca de los seres humanos para ayudarles en su vida diaria, en tal forma que busquen su perfección en Dios. Es, también, un conveniente comienzo de la carrera eclesiástica, que permite hacer dinero y que puede conducir hacia las más altas posiciones de la jerarquía de la Iglesia. Sin embargo, las circunstancias, las circunstancias que acompañan el desempeño de su curato durante los cuatro años que lo sirve y que son, precisamente, los del gobierno del virrey Jáuregui; sus experiencias en la brava sierra de Huamachuco, y la directa aproximación a los aborígenes que logra gracias a su dominio del quechua , van a dar resultado totalmente contrario al que el obispo y quizás él mismo podían esperar: Fortalecerán su vocación magisterial al hacerle comprender, más claramente de lo que antes ha intuido, cuál es la obra que la educación está llamada a realizar en el virreynato para salvarlo de su postración económica y social. Su precaria salud, por otra parte, convierte su permanencia en el curato en un martirio físico. En dos oportunidades tiene que alejarse de su sede para hacerse tratar de un "mal de la cabeza y pecho", según los médicos que lo atienden en Trujillo. Estos consideran que ese "temperamento" es contrario a su salud y, por lo tanto, la causa de su "miserable constitución". El obispo le da permiso para curarse en Lima, y cuando el sacerdote Rodríguez de Mendoza cree haberlo logrado superar su mal, persiste en volver a Marcabal, pero no pasa de Trujillo. En esa ciudad recibe una orden del virrey Croix para que regrese a Lima a fin de asumir el vicerrectorado del Real Convictorio de San Carlos, en reemplazo del Padre José Silva Olave quien es promovido al Curato de Carhuamayo.

EL MAESTRO

       El hombre que se ha formado debe prestar un servicio a los demás, el intelectual ha de tener un sentido del servicio y cuando las circunstancias lo colocan en una situación directiva tendrá que señalar un camino y entregar su saber. Y si tiene vocación de maestro no sólo debe dar sino darse y esto hizo Toribio Rodríguez de Mendoza, en toda su vida.

        Como docente en San Carlos se propone formar una juventud que pueda dirigir al país de acuerdo a sus necesidades. Quería que en su Colegio, que era de corte clásico, es decir, en donde se enseñaba principalmente Filosofía y Latín, lucha para que se enseñen también las ciencias naturales, como la Geografía, matemática y física, argumentando que los hombres que asumirían responsabilidades sociales, no sólo debe estar permitido a los abogados y sacerdotes; sino que todo joven debe ser capaz para enfrentar los retos del futuro nacional. Quiere Rodríguez de Mendoza una educación especial para los jóvenes que no siguen la carrera literaria. Desea una formación que los haga aptos para desempeñar los puestos que el país les confíe.

        Desde el punto de vista académico, en sus inicios de docente del Convictorio, tiene a su cargo
"la enseñanza interior". Esto significa repasar a los estudiantes las clases que han recibido en la Universidad y asistir a los "Ejercicios literarios" nocturnos. A tales obligaciones se agregan las de carácter administrativo que consisten en vigilar que "escriben" bien las lecciones, corrigiéndolas y enmendándolas; en "velar que las horas destinadas al Estudio se apliquen a él, zelando y que no divaguen a otros entretenimientos y ocupaciones"; acompañar (a razón de un maestro por Facultad y turnándose) a los alumnos a la Universidad, "cuidando con mayor vigor para que observen la moderación y decencia que corresponde".

         Para la reforma educativa en la etapa previa a la independencia nacional, cuenta con el apoyo de dos insignes personajes; por un lado el Padre Cisneros que lo alimentaba con información bibliográfica "censurada" en su tiempo y el Doctor José Baquijano y Carrillo, Conde de Vistaflorida, compañero de estudios de Rodríguez de Mendoza en el Seminario de Santo Toribio. Baquijano y Cisneros serán los que introducen a Rodríguez de Mendoza en la Academia Filarmónica de Rossi y Rubí; y en las tertulias del culto español. Aquí conocerá a los miembros que han de constituir la Sociedad Amantes del País, y los que, al apreciar la personalidad pujante del Maestro, han de convertirse en sus más entusiastas propagandistas.

       En el año de 1786, ante la renuncia del Arquellada, Rodríguez de Mendoza, es designado Rector del Convictorio, cargo que es ratificado por el virrey un año después. Con la colaboración de su vicerrector Rivero y la ayuda de Moreno, el Dr. Rodríguez de Mendoza prepara un documento cuya trascendencia educativa es tan grande que en el orden político va a ejercer fuerte influencia en el inmediato futuro del Perú. Estas y otras medidas, así como el gran desempeño en la cátedra de Leyes y Cánones y la de Prima de Teología, el 30 de junio de 1801, es designado vice-rector de la Universidad de San Marcos.

     "Lo nuevo no está reñido ni con lo viejo ni con lo mejor", fue la frase que caracterizó su reforma educativa en San Carlos. La mixtura de la educación carolina impuesta por Rodríguez de Mendoza y los elogios que motivaban los estudiantes en sus ponencias traspaso las fronteras de nuestra patria, que en los cinco primeros años de rectorado, ya contaba con estudiantes de Ecuador, Bolivia, México y Panamá, ya que según sus biógrafos indican, que Rodríguez de Mendoza, quiso además de una educación científica, una educación que forme al hombre y de todo al hombre. Es así que en sus memorias escritas en el Mercurio Peruano, escribe Rodríguez de Mendoza: "Los indios por fin son elevados a la dignidad de hombres...los primeros resultados serán la unidad del idioma y al fin la recíproca amistad nacida de la igualdad que pone a cubierto de la opresión".

        En poco tiempo San Carlos se convierte en "la primera escuela literaria del Perú" y su rector calificado como el Bacón de América. Argumentos como " Los manuales son para los principiantes; pero para el adelantado estos libros son la peste y es imposible tener en ellos una sólida formación que deben tener los Evangelistas o Doctores de la Ley", hacen que llegue a oídos del Virrey Pezuela que frente a las intrigas de la sociedad criolla limeña, argumenta que "En San Carlos, hasta la piedras son insurgentes".

        Esta insurgencia ideológica y pedagógica de Toribio Rodríguez de Mendoza, se debe a la revolución que hace en las aulas, cambiando los manuales memoristas por libros "censurados" que por medio del Padre Cisneros, traía Rodríguez de Mendoza para la enseñanza y la libertad intelectual de sus estudiantes. Decía el Precursor: " Las reformas meramente pedagógicas, están fundamentadas psicológicamente, porque no se exigirá a los escolares el servil trabajo de la memoria al pie de la letra, sino una lectura detenida, reflexionada, de que darán razón todas las noches a la hora de las Conferencias". Es decir, un cambio radical a la enseñanza tradicional que motivaba al alumno reflexionar, comparar y analizar nuestra realidad. Aquí el gran aporte de Rodríguez de Mendoza, que le convertiría honoríficamente como "Maestro de Maestros del Perú". En 1,813 viene las acusaciones de insurgencia y con ello el declive del Real Colegio Convictorio de San Carlos. Con el pretexto de ser refaccionado el local y de introducir un nuevo plan de estudios, se clausura aquel centro famoso de cultura y de transformación ideológica de una generación que en sus mentes y almas recibieron vientos de libertad del yugo español.

Simultáneamente a este cierre de ciclo de gloria educativa en el Perú, se inicia una serie de actos rebeldes contra el Rey de España. Vientos de cambio soplaban por toda la república. Ex alumnos carolinos en plazas públicas mediante discursos arengaban y pregonaban la necesidad de libertad, hecho que poco a poco fue calando en la mente de todos los peruanos.

RODRIGUEZ EL MULTIFACETICO

      Una de las cualidades de Rodríguez de Mendoza, fue su inquietante afán por el estudio y la investigación, que nadie podía opacar su sabiduría . Como sacerdote a la par de oficiar su labor sacerdotal en Marcabal, fue cuarto Capellán de la Casa de Pizarro, Presidente de la Junta subalterna de censura de Lima, Canónigo Lectoral del Cabildo Metropolitano, por su delicada salud no aceptó la candidatura para ser designado Arzobispo de Lima " y por no echarse un peso superior a sus fuerzas". Fue un sacerdote liberal, que se anticipó a su época y que muy bien se podría afirmar que es el iniciador de la Teoría de la Liberación, que el Padre Gutiérrez, lo fundamente muy bien en estos tiempos. Como una muestra de su enraizada fe católica, culminado las discusiones para aprobar los artículos referidos a religión, argumentó "convengo en todo, y solo no admito la intolerancia religiosa", dando una lección llena de nobleza, de comprensión, de respeto a la dignidad humana.

         En el campo jurídico, ocupó el Decanato del Colegio de Abogados de Lima, como periodista escribió en el "Seminario Erudito, Económico y Comercial" y en "El Investigador" con el seudónimo de "SIRIACO RAZURA", así como en "El Mercurio Peruano". Miembro Perpetuo de la Sociedad Patriótica, donde recibe la "Orden del Sol" de manos del libertador José de San Martín. Ocupó el vicerectorado y rectorado de la Universidad Mayor de San Marcos y Diputado por Lima y la Libertad para ocupar un escaño en el primer Congreso Nacional. Previo a eso es elegido Diputado ante las Cortes de España, pero no viajó a la península porque el Rey Fernando, restablecido en el trono, había abolido el régimen constitucional.

         En su apacible retiro de la catedral, supo Rodríguez de Mendoza de las campañas de libertad que azotaban nuestra patria. Estaba enterado de las campañas victoriosas en el Orinoco a Bocayá y del Plata a Maipú, y como Bolivar, desde el norte y San Martín, desde el sur, cual en gloriosa apuesta de vuelos, aprestábanse sobre tierras peruanas para arrebatar la presa al gavilán peninsular .

         Luego de la Independencia Nacional e instalado en Congreso de la República en setiembre de 1,822, donde Rodríguez de Mendoza es elegido Diputado y es honrado por sus ex alumnos, designándole como Presidente de las Juntas Preparatorias del primer parlamento, ese día, cuando se sienta para presidir las cesiones, se vio rodeado de 35 discípulos que estudiaron en San Carlos, dice Mendíburu. " El señor doctor don Toribio Rodríguez de Mendoza, se deshizo en llanto, por largo rato, al extremo de suspenderse la sesión para atender al afligido eclesiástico. Se le preguntó por qué lloraba, y contestó que lo hacía de gozo y con la mayor ternura, porque se hallaba rodeado de sus hijos, dando instituciones liberales al país por las que venía trabajando desde años atrás, al través de grandes riesgos e inconvenientes. De los 64 diputados que componían el Congreso, 54 eran carolinos. En el congreso ocupo las presidencias de las Comisiones de Constitución, eclesiástica, de libertad de imprenta y de instrucción pública. De allí tendremos que valorar su ideología plasmada en artículos de la I Constitución del Perú.

       Políticamente Rodríguez de Mendoza fue un republicano liberal y de nítidos, doctrinario tenaz, ardoroso, con esa tenacidad y ese ardor que caracteriza a los temperamentos en quienes la dialéctica es una cuasi función orgánica. El hecho que el maestro considerase triunfantes en la Asamblea las teorías que predicara a sus discípulos, no quiere decir que reposara en la consecuencia ideológica de la mayoría de los diputados. Queda en los anales de la historia republicana, el rechazo a la propuesta de San Martín de querer instaurar una república monárquica en el Perú: " La democracia es el único gobierno aceptable en América, porque aquí existe la nivelación del apostolado. ¿Pescadores? ¿Mercaderes?. Cuando más un publicano o un Quirete. Nada de patricios, todos somos los que los aristócratas llaman canalla gentilicia". Si actitud de reproche a todo acto que indigne a la sociedad peruana sin divisiones, comprendiendo que la nobleza se adquiere y no se hereda, en la firma del Acta de la Independencia del Perú, suprimió el apellido Mendoza, de que hacía alarde su familia y que usara él antes de la libertad nacional, para contentarse con el de Rodríguez.

          El Congreso Nacional sufre un receso temporal por una incursión militar de Riva – Agüero y tropas españolas lideradas por Canterac (1823), donde el tribuno chachapoyano es vejado en su dignidad humana, acusándole de enriquecimiento. Su enfermedad se agrava. El 10 de junio de 1825 muere a los 75 años. Se depositaron sus restos en un humilde nicho, años después, desapareció la plancha de metal en que estaba su epitafio; haciéndose de este modo difícil el saber donde se hallaba su cadáver, y si ha sido o no exhumado. Aquí la gran ironía del destino: El prohombre de la libertad nacional, es el único que no descansa eternamente en el Panteón de los Próceres ( ubicado en el Parque Universitario).

      Pese a la fama, Rodríguez de Mendoza, murió en la extrema pobreza, al extremo que la sepultura y ceremonias fúnebres fueron sufragados mediante colecta entre sus amigos. "Era alto, flaco, muy trigueño e inclinado de hombros. Rostro feo, pero animado. Su voz plateada y flexible, aunque debilitada por la afección al estómago", son las características físicas que coinciden todos su biógrafos.

      Son ideas las que gobiernan al mundo y Don Toribio fue un sembrador de ideas. Los que forjaron el Perú pudieron decir públicamente que San Carlos era un "semillero de los principios revolucionarios" y en el Convictorio los aprendieron porque amaron la nueva realidad que desde fines del siglo XIX se venía incubando y ella era la que había hecho posible la creación del Perú como Nación y Estado. Esta nueva realidad, este Perú mestizo es deudor eterno del Doctor Alejandro Toribio Rodríguez de Mendoza Collantes.

!GLORIA ETERNA, AL MAS ILUSTRE DE LOS CHACHAPOYANOS!

Biografía consultada:

EL PRECURSOR de Jorge Guillermo Leguía, 1922

RODRIGUEZ DE MENDOZA de Oscar Noé Zevallos, 1984

RODRIGUEZ DE MENDOZA. HOMBRE DE LUCHA de Fernando Romero, 1973

LECTURAS HISTORICAS COMENTADAS de Ismael Portal, 1918

 

Miércoles, 11 de Abril de 2007 17:53. Autor: mcabanas. #. Tema: PERSONAJES Hay 2 comentarios.


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