
Uno tiene que tener la vocación de viajero apasionado para recorrer su territorio y mostrar cada belleza al mundo. Y de eso tengo algo. El recuerdo de mi padre que me enseñó desde pequeño a manejar una cámara fotográfica y la profesión de periodista que profeso. De nada me serviría la profesión si lo que pueda hacer no lo comparto con cada uno de los lectores en sesenta y siete países del mundo mediante este blog que ya supera los quinientos mil lectores; presumo amazonenses todos ellos. Eso hace que cada ocasión que tenga, parto raudo a la aventura. Una aventura que permite comprometerme más con Amazonas, mi tierra, la tierra de todos, la tierra del mundo y para el mundo.
Hablar de Caclic, es automáticamente asociada a la energía eléctrica, es hablar del cruce hacia Luya, de la virgen de piedra; pero muy poco de sus atractivos complementarios con que se identifica o familiariza uno. Eso me pasó hace poco. He escuchado hablar de La Pitaya, pero no estaba muy entusiasmado conocerla, hasta que viajamos al lugar y esta es su historia.
Hay que tener un vehículo a mano, la predisposición de choferes amigos para que en corto tiempo subas una peñón por algunos metros y te quedes maravillado de otro tipo de legados que nos dejaron los Chachapoya.

Desde hace mucho tiempo, he tenido las ganas enormes de visitar los jeroglíficos de la Pitaya o Cáclic, distante a veinte minutos de la capital de Amazonas. Tiempo tan corto para disfrutar por algunos minutos de esta belleza.
Estacionamos el carro y divisamos un farallón que a simple vista no permite observar lo que para muchos es una joya complementaria de toda la valía turística de Amazonas. Subiendo unos cinco metros por un camino estrecho pero descuidado, vemos en la pared pétrea una decena de figuras antropomorfas que son de grata admiración. He visto monos, extraterrestres, dinosaurios, estrellas, hombres casando, hombres como estatuas. Animales muy extraños como si fueran de otro planeta; pero también vi como algunos desubicados hacen tabla raza de la libertad para pintar con tiza este legado.

Es que causar destrozos en el lugar es tan sencillo, ya que nadie custodia el lugar. No basta con poner un letrero o unas pilas de cemento que dicen INC. No basta con incluirlo en nuestras rutas turísticas, tampoco basta permitir que cualquiera vaya al lugar, oficie de guía y cuente tantos cuentos que quiera contar.
No es extenso, es lo suficientemente necesario para que diez personas caminen holgadamente y miren con asombro el tallado de las piedras y la forma casi perfecta de los dibujos representados en ella. Uno se traslada al pasado y trata de imaginarse a decenas de talladores que a golpe de piedras filudas o hachas metálicas pequeñas. permitieron en meses o años, dejar grabado sus experiencias, sus vivencias o sus recuerdos para que el mundo moderno las interprete.

Es suficiente quince minutos estar allí y llenar el corazón de nuevas energías y renovar a prueba de balas nuestro asombro por nuestros antepasados que han hecho cosas maravillosas. Esas maravillas por más pequeñas que sean, deben ser custodiadas por las autoridades competentes a fin que se sigan siendo observados eternamente por toda la humanidad.




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Me gustaría compartir contigo la experiencia de haber realizado la I Olimpiada Seminarista llavada a cabo el día 09 de Julio en el estadio Kuélap, fue realmente grata ojalá puedas escribir algo sobre ello. Te puedo proporcionar fotos.
Fecha: 12/07/2011 13:29.
Fecha: 06/08/2011 05:16.
Fecha: 28/08/2011 22:30.
Fecha: 01/02/2012 16:38.
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