El 15 de agosto, la iglesia y la feligresía chachapoyana celebra la solemnidad de “Mama Asunta”, está en los labios de cada chachapoyano, en el corazón de todos sus hijos, ciudad eminentemente mariana, y que a la vez vive consciente de que la voluntad de la Virgen es que solo adoremos a su hijo, pues solo Cristo, que es Dios hecho hombre en el seno de María, puede darnos salvación y felicidad.

        Fue el Papa Pío Xll quien proclamó solemnemente esta verdad de La Asunción de María que significa para nosotros el aliento o consuelo para nuestra esperanza que va en serio, el programa salvador de Dios. Es la prueba de que el destino del hombre no es la muerte, si no la vida y está destinada a la vida total de toda persona humana, alma y cuerpo.

        En ese contexto, desde hace más de 150 años se celebra en la capital de Amazonas, una de las fiestas religiosas más importantes y trascendentes en esta parte del país; sólo comparado con la Virgen de Chapi en Arequipa, la Cruz de Motúpe en Lambayeque o la Virgen de la Candelaria en Puno.

        En esta ocasión, es mi deseo de compartir con todos una crónica sobre la VIRGEN ASUNTA y de esta manera fortalecer nuestra fe.

LA VIRGEN Y CHACHAPOYAS

        Como toda tradición oral que se traslada de generación en generación, sobre la llegada de la Virgen Asunta a la ciudad de Chachapoyas, se han tejido muchas historias o hechos cronológicos que han logrado fortalecer la fe en una imagen religiosa, que ya supera los cincuenta años de su coronación y más de cien años de culto, devoción de un pueblo y de sus generaciones.

LA LLEGADA:

        Se afirma que entre los años de 1842 y 1845 el ciudadano Julián Monteza natural de esta noble ciudad, residía en la ciudad de Quito – Ecuador, de donde regresa después de muchos años, portando con él dos hermosas imágenes: El primero de Jesús Nazareno y el segundo de la Virgen de la Asunción, que con el paso de los años, costumbres y tradiciones fuera rebautizada con el nombre de VIRGEN ASUNTA.

        Su regreso fue comunicado con anticipación a su esposa la Señora Mariquita Méndez Becerril, quien organizó a los vecinos para recibirle con bombos y platillos, pero también de espíritu religioso. Chachapoyas se ha vestido de gala y en sus calles se vivía la fiesta  para recibir a los santos peregrinos.

        La calle Santo Domingo, se adornó de la mejor manera, en sus balcones azulinos y verdes esmeraldas se colocaron mantas multicolores y flores silvestres que con su aroma la ciudad respiraba aire de cambios y anuncios de tiempos nuevos. En horas de la tarde arribaron al domicilio de los Monteza Méndez tras un largo peregrinaje de cantos, cirios, música y alegría popular. Ambas imágenes pernoctaron temporalmente en la vivienda familiar para que posteriormente sea llevado a su templo oficial, que los propios vecinos iniciaran a construir alrededor de 1861.

PEDRO RUIZ  EL OBISPO VISITA A LOS MONTEZA

Varios meses después de la llegada de ambas imágenes a la ciudad, el Obispo chachapoyano Pedro Ruiz visito a la familia para sugerirles que ambas deidades religiosas por su tamaño deberían estar en un templo, teniendo en cuanta que en esa época se prohibía a personas o familias tener este tipo de imágenes porque los cultos religiosos solo eran autorizados realizar a sacerdotes y dentro de un templo.

Luego de un diálogo cordial, la familia tomó la determinación y con mucha pena deshacerse de tan preciadas figuras…En fin eran órdenes y se tenía que cumplir.

LOS SUEÑOS Y LA REVELACION

        La visita del pastor de la iglesia chachapoyana a la familia había mellado emocionalmente en sus integrantes. Por la noche Don Julián Monteza fue revelado reiteradamente por las imágenes: La Virgen se le presentaba en sueños entre nubes celestes y con sus brazos abiertos y le decía “quiero que me hagan una ermita en las colinas de “Luya Urco”, lo mismo se le presentó el Jesús Nazareno, al cual le veía montado en un asno y entrando a la Iglesia de Santa Ana (la primera construida por los colonos y religiosos en la ciudad de Chachapoyas).

        Estas revelaciones fueron comunicadas inmediatamente al Obispo quien le autorizó la construcción del templo para la Virgen Asunta.

LA CAMPANA MILAGROSA Y LA CAPILLA

        Con espíritu cristiano, alegre y optimista, el pueblo acudió al llamado de Don Julián Monteza para iniciar la construcción de la capilla. En la obra participaron ciudadanos de todos los barrios. Se cuenta que los trabajos se iniciaron inmediatamente y duraron dos meses con turnos de cuadrillas voluntarias de mano de obra, obsequio de materiales de construcción, carpintería, enrejado de un pequeño jardín y finalmente pintado del interior y fachada  del templo donde la presencia de las damas obsequiaban sabrosos platos y la tradicional chicha de jora para demostrar su entusiasmo.

        Existe documentos en el Archivo Regional de Amazonas un documento de compra venta sobre este terreno, el cual se realiza el 4 de agosto de 1861 cuya propietaria era la señora María Josefa Llanos. Era un solar con casa de barro y paja con huerta ubicada al final del jirón Puno. La compra venta se realizó por la suma de treinta pesos.

 

        Sin embargo, lo que más ha conmovido el corazón del pueblo y quedó como una vivencia, fue el repique misterioso de una campana que se dejó escuchar desde el Luya Urco durante los días de trabajo.

 

VIRGEN ASUNTA       : LA CORONACION COMO PATRONA Y REINA DE LA CIUDAD DE CHACHAPOYAS.

 

        Desde la fecha en que el pueblo de Chachapoyas, culminó la construcción de la capilla a la Virgen Asunta y el culto religioso aumentaba alrededor de la imagen, las autoridades locales elevaron un documento al Santo Padre para que sea coronada como la Patrona y Reina de la ciudad de Chachapoyas. Para ello se conformar los respectivos Comités de apoyo tanto en la ciudad como en Lima.

        El celo de Monseñor Octavio Ortiz Arrieta lo había preparado todo, el día solemne estaba muy cerca. En Lima, el Comité “Pro Corona de Oro y Perlas preciosas” presidido por la Sra. Rogelia Barrera de Hidalgo llenó con creces su cometido gracias al generoso apoyo económico de los amazonenses en la capital de la república, donde se confeccionó la preciosa joya.

        Por su parte en Roma, una vez terminado los trámites legales, Su Santidad Pío XII, rubricaba la Bula Pontificia de 1952, premiando la noble aspiración de los chachapoyanos. La fiesta, euforia popular se llevó a cabo el 15 de Agosto del mismo año.

        La aurora de ese día brilló por oriente saludada por una sinfonía de voces siderales entonando himnos a María y lo mismo hacían las lenguas de bronce de las campanas de la Catedral  y de otras iglesias tocando ¡Gloria!...

        La ciudad se había tornado festiva. La plaza mayor era el centro de atención de miles de personas que se dieron cita para ser testigos directos de una ceremonia que se quedará por siempre prendado en las retinas de cientos de ojos y en el recuerdo de la gente. En representación del Papa, estuvo presidiendo los actos religiosos el Nuncio Apostólico, Monseñor Luis Arrigori.

        Cuentan que la ceremonia  se inició con el izamiento de las banderas del Perú y de El Vaticano en los contornos del soberbio altar hecho para la ocasión. A las 10 de la mañana y desde la Basílica Catedral ingresaba triunfante la VIRGEN ASUNTA, mientras un coro polifónico del Colegio Seminario dejaba escuchar el Himno de la Coronación. El Monseñor Octavio Ortiz Arrieta ofició la misa que fue dialogada por toda la concurrencia y transmitida por un sacerdote locutor desde los micrófonos del Cine Teatro Central instalado en el Campo Mariano (Plaza de Armas) 

        Terminado el acto religioso el Dr. Esteban Hidalgo Santillán, en un elogioso discurso, hizo entrega de la Corona acompañado por las damas del Comité de Apoyo. En el momento de la coronación, conmovió hasta las lágrimas fue las plegarias realizadas por el Monseñor Octavio Ortiz Arrieta, implorando bendiciones por el Papa, el Gobierno y la Grey Amazonense. Blancas palomas se elevaban al cielo, como símbolo de paz, unidad y fe, así como de agradecimiento al infinito y Dios Supremo por la gracia de contar desde esa fecha con una Reina y Soberana Patrona de la Ciudad de San Juan de la Frontera de los Chachapoyas.