ORGULLOSAMENTE AMAZONENSE
Esta frase que se acuñó en Amazonas –cuyo autor es Cesar Huaman Sopla- no es sólo motivo de una campaña, es un lema que martilla cada uno de los oídos y conciencias de la población, para que sienta a Amazonas como suyo, como propio. Ya que ser amazonenses, no es ser de un lugar cualquiera. Es ser de la tierra benigna que alimenta a cada uno de sus hijos. Es ser parte de la historia gloriosa, épica de cada unos de nuestros distritos y provincias. Es ser bien patriotas; porque pese a que nos pintan de verde, llevamos la blanca y roja a límites extraordinarios para defender la soberanía nacional. Ser amazonense, es ser grande, generoso, ejemplar, orgulloso, valiente y todo lo demás.
A mis 43 años, he tenido la suerte y la sigo teniendo, de viajar regularmente al interior de Amazonas y profundizarme en su realidad, sus problemas y aprovechar del blog para comentarlas y difundirlas al mundo. Conocer Amazonas, es un privilegio de pocos. Surcar sus ríos, subir sus montañas o bajar a sus valles, son experiencias inolvidables, que cuando se quiere a la tierra, uno no se cansa de cantarla al mundo.
Es que Amazonas, no es sólo un pedazo de tierra en el mapa del Perú. Es todo y uno al mismo tiempo. Amazonas, tiene en su biodiversidad más de ochenta microclimas que la hacen prodigiosa y productiva. En sus 41 mil kilómetros cuadrados, contamos con espacios geográficos desde 400 (Santa María de Nieva) hasta los 3,500 (Chuquibamba) metros de altura sobre el nivel del mar, y en cada espacio y lugar, la tierra nos abre sus entrañas para entregarnos sus frutos, tan puros y exquisitos como: Pitahaya, Chirimoya, Piña, mangos, naranjas y limas, etc.
Amazonas son valles interandinos, cañones profundos, paisajes incomparables. Es la tierra de los colores: amanece en verano naranja miel, las blancas nubes se disipan para abrir la pantalla gigante color azul intenso del cielo y ver brillar el sol. En invierno, los vientos soplan y chocan con nuestros cuerpos, en un pacto silencioso de amistad. En primavera los árboles y flores cambian de piel, lucen su belleza, las aves cantan, las golondrinas anidan en nuestros tejados, en otoño, la vida sigue igual.
Amazonas, la región del Perú, es un colage, donde los pintores han plasmado sus mejores creaciones, todos ellos dirigidos por Dios. Sino, miremos esa pintura inmensa del Cañón de Huanca Urco o del valle del Utcubamba, tal vez el Guayabamba o quizá Huaylla Belén. Son obras de arte, que nos permiten a comunes mortales embriagarnos con su belleza.
No se que vio Dios en Amazonas, que le trazó su destino para que con el esfuerzo de sus hijos sea grande. Que le dejó para que admire la humanidad a su majestuosa Kuélap, hoy convertida en maravilla del Perú, para que tengamos hermosas orquídeas, para que vuele en nuestro suelo el Colibrí Cola de Espátula o para que el venado cenizo, siga brincando por nuestros cerros, para que causemos asombro con cataratas como Gojta o cavernas como Shaquil y Kiocta, para que nuestros ríos tengan 140 especies de peces amazónicos, para que tengamos bosques increíbles como las palmeras en Ocol, Colán en Bagua y Utcubamba o Santiago Comaina en Condorcanqui.
En fin, creo que Amazonas, es el edén terrenal. Ese que dice la Biblia que fue entregado a los hombres para que la pueblen y vivan eternamente felices. En Amazonas, existe la paz que uno busca, el paraíso que quiere alcanzar y la pasión con que uno hace las cosas para verlo a su pueblo prosperar.
Soy profundamente AMAZONENSE. No se que más podría expresar para tributar mi homenaje personal a esta tierra bendita, que todos aspiramos y queremos verla prosperar

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Autor: Jorge La Torre Y Jiménez
Fecha: 21/04/2008 09:02.
Autor: Guillermo Enriquez Herrera
Guillermo Enriquez Herrera
Fecha: 21/04/2008 09:05.


