LA CUEVA DE SANTA LUCIA
En la ciudad de Chachapoyas, a un kilómetro de la Plaza de Armas, hacia en Oeste y cerca de la Urbanización Popular Pedro Castro Alva, existe una cueva, la misma que esta ubicada a la margen derecha de un pequeño arroyo, cuyas aguas son los desperdicios de la ciudad. Todos sabemos que las autoridades religiosas en el período del Virreinato juzgaban a los herejes a través del Tribunal de la Santa Inquisición; en nuestra cuidad las penas impuestas eran de dos formas : La primera que era la pena del látigo, la que tenía tres niveles de acuerdo a la culpa del procesado, yendo de uno a cien látigos; si el reo quedaba con vida se le daba libertad y si moría de inmediato era sepultado; este acto se cumplía en la Plaza de Armas.
La otra forma de condena era la del abandono conducido al reo en horas de la noche a la cueva existente al Oeste de la ciudad en la que se le dejaba aprisionado con cuerda atadas a cuatro huecos que existían en las paredes, quedando el cuerpo en forma de aspa, cumpliendo determinados días de condena; si el ajusticiado lograba quedar con vida luego de los días señalados se le daba libertad y si moría, sepultado.
Con el transcurso del tiempo se comentaba que era peligroso que un ser humano se acerque solo a la referida cueva; aseguraban que los vecinos siempre oían quejidos y lamentaciones en el interior, sobre todo en las noches de luna nueva, por que decían que los espíritus malos se presentaban en distintas formas, tanto de animales como de seres humanos. Cuenta la historia, que un vecino que tenía sus sembríos en los terrenos de Chamana y Shundor a donde iba diariamente, su esposa le enviaba sus alimentos con su menor hija; esta niña oía contar que en la cueva se veía andar a las almas y a veces se oía llorar, llevada por la curiosidad la niña penetró un día a la cueva y con sorpresa encontró a una señora vestida de blanco con un cinturón azul y con un manto que le cubría el cuerpo.
Al ver a la niña la invitó con mucho cariño, obsequiándole panes y dulces, cuya amabilidad de dicha señora inquietó a la niña a continuar visitándola todos los días que pasaba por el lugar, pero uno de esos días se encontró con la sorpresa de no encontrar a la dama y en su lugar vio una figura con la misma vestimenta, al llegar al lado de su padre le contó lo ocurrido, manifestándole que desde muchos días atrás había tenido diálogos con la señora refiriéndole luego lo ocurrido. El padre al oír el relato de su hija se apersonó a la cueva y constató lo acontecido, luego tomando la figura en sus hombros la condujo a su domicilio; y su esposa con mucha alegría la recibió la imagen y se dio cuenta que se trataba de la Santísima Virgen colocándola de inmediato en un lugar preferencial de su casa; más al día siguiente por la mañana se dieron cuenta que la referida imagen había desaparecido, hicieron comentario de lo ocurrido y no llegaron a saber del lugar donde se encontraba. Días después cuando la niña llevaba alimentos a su padre la niña se sorprendió al contemplar nuevamente la imagen en la cueva portando esta vez en las manos dos ojos, sobresaltada corrió a dar el aviso a sus padres, quienes se constituyeron al lugar y condujeron la imagen a su domicilio.
Los vecinos del lugar aconsejaron a la familia que dieran aviso al padre capellán, quien ordenó depositar, la imagen en la Iglesia de Nuestra Señora de Belén, cuya construcción estaba por terminarse, explicándoles que dicha imagen representaba a Santa Lucía por tener en las manos dos ojos, ya que dicha santa había sido martirizada y como primer martirio la sacaron los ojos.
De aquel entonces los moradores de la ciudad de Chachapoyas, conocen esta cueva como la Cueva de Santa Lucía. La imagen es venerada en el mes de diciembre y cuenta con una gran cantidad de feligreses.









