COSTUMBRES...VIEJAS COSTUMBRES
Dicen que los hábitos se vuelven costumbres, con el tiempo se hacen tradiciones y éstas de por vida se quedan enclavadas en la identidad de cada uno de los pueblos. Y Chachapoyas la vieja ciudad, capital de Amazonas enclavada en el corazón del nororiente, no está ajena a estos “detalles”, uno de los muchos existentes son el velorio y los entierros.
Hasta el año de 1872, todas las personas que fallecían en la ciudad eran enterradas en los espacios abiertos de las iglesias, ya sea en cruz baja o cruz alta y depende de la condición económica del fallecido. En esas épocas la misa en latín eran solemnes, masivas y falta de lágrimas propias, se “alquilaban” con las “plañideras” que prestas y sin remordimiento le lloraban al difunto, desde la puerta de la casa hasta su última morada. Esas costumbres se ven a la fecha en Luya y Bongará.
Con la oficialidad de los cementerios, ya sabemos donde se ubican los entierros, se ordenan los sepelios. En Chachapoyas se cuenta con un cementerio que hace años debe de haber colapsado, porque cuando se hace una tumba a flor de tierra están esparcidos los huesos que se desmoronan como galletas. Huesos secos/ huesos fríos/ que ayer andaba erguido/y hoy está seco y en el olvido.
LOS VELORIOS
Enterados del fallecimiento de un vecino o conocido en la ciudad, se aprecia inmediatamente el acto solidario de la gente. Unos llegan para ayudar a cambiar al muerto, otros prestos a la cocina para parar las olletas de café. Otros más diligentes, ayudan a los atolondrados familiares con los primeros trámites para el entierro, sacar la partida de defunción, solicitar el permiso en la beneficencia, traer el ataúd, contratar a los peones para que hagan el hueco, si el entierro es en tierra o ver un espacio en los nichos, además de ver al cura para que oficie la misa y de su responso en el cementerio.
En las noches previas al entierro, la gente en riguroso luto, excepto los que amanecerán en el velorio, van con bolsas de azúcar, arroz, canastas de pan, ofrendas florales, botellas de aguardiente y “harta” oreja para escuchar todas las versiones reales o por recrear de la forma en que murió el difunto y para hablar, las “cualidades” del quellamito en vida. Los velorios duran 10 días, en donde previas ceremonias se lava la ropa, la frazada del difunto. Al quinto día además del café y el pan, se da a los acompañantes un buen plato de dulce de Chiclayo (calabaza) y al décimo día, con una solemne ceremonia, se desata el altar y todo lo que fue motivo de recuerdo del difunto es llevado a la media noche al cementerio y de espalda regresar a casa para que no nos “cuye” el muerto
EL ENTIERRO
Al segundo día del fallecimiento, es llevado en hombros de sus principales familiares a la iglesia para la misa y luego a su morada final, que en los últimos años veo que ha sufrido un cambio radical. Antes, recuerdo cuando murió mi abuela, en el camino al entierro solo se escuchaba el llanto de mi padre y mis tíos y de otra persona muy apreciada de la abuela, el resto de acompañantes en respetuoso silencio. Sólo miradas cómplices se cruzaban de afirmación y de consentimiento. Ahora, acompaña la banda y hasta la entierra con una salerosa marinera y para remate su huayno como para el zapateo. Coincidimos con unos amigos, que los entierros en chacha, se han acholado o serranizao , porque en la sierra la muerte es sinónimo de fiesta, chupa y digamos hasta de libertad.
Pasado la ceremonia dolorosa del pésame que se da a la puerta de la salida en el cementerio, somos invitados a la casa para degustar un plato de comida, que casi por generaciones es ensalada rusa, su filete de carne asada, papas o humita y acompañado de su buen café y la cemita, para la despedida de la casa un vaso de aguardiente. Abrazos y hasta otro velorio.
EL LUTO
Naturalmente el negro está asociado al dolor, a la tristeza y a la pena. El color negro prima entre los familiares cercanos. En los últimos tiempos hasta eso viene cambiando. Ahora los nietos visten como les cae el día, los acompañantes hasta van de rojo. En fin, son causas y cosas de la moda, de la modernidad y de los nuevos vientos y tiempos. ¿Es de luto el color negro? No necesariamente y dependiendo de las culturas en que nos desarrollamos.
Por ejemplo la realeza medieval vestía de riguroso blanco en señal de luto, el cual con el paso de los tiempos viene prevaleciendo el negro. En Egipto y Siria por ejemplo es el color azul o en fin el luto no debe tener color, porque el dolor se lo lleva en el alma y para siempre.
Costumbres viejas. Viejas costumbres…de Chachapoyas



