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       Ayer cuando vi al presidente García, ingresar al congreso nacional y pedir unidad nacional ante el diferendo con Chile sobre  nuestro mar territorial y cuya demanda fue presentado ante el Tribunal Internacional de La Haya (no lleva ese apellido por el fundador del APRA, por si las dudas), y ver como entonan nuestro himno nacional a voz en cuello, los padres de la patria, pedí un deseo al infinito: ¡Ojala todos los días demandemos a Chile, para que siempre estemos unidos!.         

     Ver y escuchar también las declaraciones nacionalistas de los parlamentarios, afirmaciones y conceptos como: “En estos temas no debe haber peruano que se amilane”, “Es un deber nacional de estar juntos! O a Guido Lombardi (¡¿Era congresista?!), invocar a todos por defender nuestros derechos nacionales, hace que uno, también se hinche de peruanidad y pida con derecho que ahora tenemos que bailar una Cueca.       

   Bailar una Cueca, no en término de sátira; si no en marco estricto de la ley y de la historia. Historia manoseada, ultrajada una y otra vez por todos los gobiernos sureños que nunca respetaron los tratados ni acuerdos entre ambos países, que hoy con toda su maquinaria intelectual y legal buscan un arbitraje neutral como el tribunal holandés para que esta ambición chilena no se cristalice.

        Bien dice el Presidente García, que esta denuncia no debe afectar la unidad y la fraternidad que existe entre los pueblos chileno y peruano y que el diferendo marítimo limítrofe con Chile tiene un carácter estrictamente jurídico, "no político ni de compromisos internacionales", concluyendo que hay que aprender a ser ciudadanos del mundo y de América Latina.

          Efectivamente, los argumentos presentados y sostenidos históricamente por Chile, son necios y atentatorios a nuestra soberanía nacional, que inclusive podría llegar al colmo de la rabia e impotencia, movilizar sus tropas como acto de amedrentar a la ciudadanía peruana.

LOS ARGUMENTOS

El Perú afirma que la controversia entre el Perú y Chile está referida a la delimitación del límite entre las zonas marítimas de los dos Estados en el Océano Pacífico, que comienza en un punto en la costa denominado "Concordia" conforme al Tratado del 3 de junio de 1929. La controversia entre el Perú y Chile también comprende el reconocimiento a favor del Perú de una vasta zona marítima que se sitúa dentro de las 200 millas marinas adyacentes a la costa peruana, y que por tanto pertenece al Perú, pero que Chile considera como parte del alta mar. Parte del escrito plantea que la delimitación debe empezar en un punto en la costa, denominado Concordia, estableciendo las coordenadas en 18º 21' 08" S y 70º 22' 39" O. Lo segundo es que el "Acta que fija la línea fronteriza entre Chile y Perú", suscrita el 5 de agosto de 1930, plantea que el punto de partida de la costa del Pacífico fue fijado en 18º 21' 03" S y 70º 22' 56", señalizado por el Hito 1.  Chile afirma todo lo contrario.

      Este litigio legal, según expertos duraría entre tres y seis años, tiempo suficiente para que el agente peruano, Dr. Allan Wagner Tizón y su equipo puedan fortalecer esta demanda y sentar un presedente mundial, del respeto a nuestras 200 millas marítimas, que Chile, se niega a acatar y que encima, hace de su poder económico y bélico motivo de agresión permanente, sobretodo a los pescadores que inclusive han sido apresados, arrestados y “expulsados” como ciudadanos de segunda.        

     El diferendo, pone a la actualidad hechos que han sucedido a lo largo de la historia de ambas naciones, que por fin hace ponerse los pantalones largos a la diplomacia peruana, para que defienda nuestros derechos. Que esta unidad nacionalista, no sea coyuntural. Que estas alabanzas no sea flor de un día. Que las flores entre gobernantes y opositores sea siempre, ya que no solo el Perú debe estar unido en temas de interés supranacional, sino también, requerimos unidad para combatir otros “conflictos interiores” que minan el alma de nuestra gente. ¡Chita la payasá!