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Leída por el alumno MANUEL RODOMIRO CAMPOS, en la velada del 6 de Junio de 1,919, fecha que por primera vez celebró Chachapoyas esta efemérides 

            Alboreaba el día de la independencia y se levantaba majestuoso el Sol de la Libertad, iluminando con sus benéficos fulgores el horizonte dónde por tres centurias vagaron las tinieblas de la abyección y esclavitud.  

           El pronunciamiento de la heroica Trujillo, cuna de la libertad, repercutió por todo el Tahuantinsuyo, sacudiendo del marasmo en que la opresión y la tiranía habían sumido a la raza de Manco Cápac y dio lugar también a que en la provincia de Mainas se produjeran movimientos en favor de la independencia. No faltaron como el Obispo de Mainas Istmo. Sr. Sánchez Rangel  y el Intendente Fernández y Álvarez se negaron a secundar las acciones patrióticas de Trujillo y por consiguiente a jurar la independencia; y temerosos de ser sometidos por las tropas de Torre – Tagle fugaron de la capital de la provincia para el interior, siguiéndoles  poco después, el Presbítero Padilla y Aguilar, encargado de la diócesis hasta la llegada de los patriotas.    

         El 28 de febrero de 1821 celebraron los realistas una junta en el pueblo de Laguna a la que asistieron el Obispo Padilla, el Intendente Fernández y el Coronel español Tolrá que se había refugiado en Mainas con algunos soldados españoles del Batallón Numancia.

        La discrepancia de pareceres de Tolrá y de Fernández  disolvió la junta a capazos, viéndose obligado el Obispo, su Secretario y otros sujetos respetables a sacar sus pasaportes para España y resolvieron lo demás detenerse en Tabatinga a esperar el desarrollo de los acontecimientos.

        En Abril del mismo año se produjo una grave sublevación entre las fuerzas independientes. El teniente Martos proclamó al Rey al entrar a Mainas, fusiló al Comandante de la tropa, y con la mayor celeridad expedicionó a Moyabamba donde organizó alguna gente para someter a Chachapoyas en cuya ciudad vibraba con toda intensidad el amor a la Patria y la Independencia.

        El éxito del teniente Martos animó al Intendente Fernández a regresar a Moyabamba donde se puso al frente de la tropa compuesta de 800 hombres más o menos y en los últimos días de Mayo expedicionó sobre Chachapoyas. Los milicianos de esta Ciudad constituidos en guerrilleros o montoneros armados con machetes, hondas y rifles de chispa salieron a dar combate a los realistas; al principio fueron vencidos por Fernández en algunos encuentros sin importancia, por lo que se vieron obligados los chachapoyanos a replegarse sobre esta Capital.

       Envalentados los realistas por el éxito de los primeros combates, marcharon a tambor batiente sobre Chachapoyas, y el 5 de Junio intimó Fernández la rendición de la plaza; los chachapoyanos, con un entusiasmo rayano en frenesí, alentados por el patriotismo del Sacerdote Fray Juan Aguilar quien hizo tocar arrebato a las campanas orgulloso de las glorias de sus mayores reunió al pueblo, les habló de los bravos chachapoyas, de sus tradiciones, de las derrotas que infligieron en Quélap a los Jercas y a las demás tribus que codiciaron su territorio y los exhortó a que defendieran su suelo y la libertad; saltaron entonces en la madrugada del 6 de Junio al encuentro de los realistas, empeñándose el combate en las pampas de “HIGOS URCO” donde obtuvieron los preclaros hijos de esta invicta ciudad la más espléndida victoria; Fernández y los suyos se vieron obligados a refugiarse en el sitio denominado el “Atajo”, en cuyo lugar ofrecieron todavía ofrecieron alguna resistencia i donde fueron completamente exterminados los invasores – No se conoce, ciencia cierta, cuál fue el número de las bajas que tuvieron los beligerantes de esta brillante jornada, pero todo hace suponer, que fueron numerosas, dado el empecinamiento de los atacantes para reaccionar en esta región a favor de la monarquía española y el denuedo heroico con que resistieron los patriotas chachapoyanos tan desigual combate, estimulados únicamente por el amor a la Patria libre.          

        Destrozadas las huestes realistas de Fernández y habiendo vengado en él los chachapoyanos los crímenes cometidos por el teniente Martos en Moyabamba, empezaron a disfrutar estos territorios desde entonces los beneficios de la libertad.       Sin embargo, no terminaron aquí los trastornos políticos que sufrió este territorio tan alejado del centro, núcleo donde se desarrollaba el proceso de la independencia nacional; otro movimiento en gestación amenazaba estallar. En efecto; para contener las incursiones cada vez más crecientes de los portugueses del Brasil, mantenía la corona de España en Mainas 150 hombres a quienes pagaba enviando periódicamente remesas de dinero de Lima a los que les denominaban situados. Este capital empleado en la localidad favorecería no pocas industrias y era el alma del movimiento mercantil. Con el advenimiento de la República se suspendió el envío de fondos para el sostenimiento de la guarnición española de Mainas, paralizándose por consiguiente el desarrollo de las industrias y el movimiento mercantil, lo que trajo como era natural el descontento de los vecinos que extrañaban el antiguo régimen colonial. Aymerich, aprovechó de esta situación y desde Quito fomentó el movimiento reaccionario en favor de España. Efectivamente, el 24 de febrero de 1822 se pronunciaron en el pueblo de Putumayo el Sargento Cárdenas y un tal Quiles, quienes mataron a algunos patriotas y pasaron a Loreto donde había guarnición patriota al mando de Mollinedo. Fácil les fue a los facciosos apoderarse  de esta fuerza: fusilaron al jefe y se encaminaron a Moyabamba.     

       El Gobernador de Moyabamba P. Domingo Alvariño, secundado eficazmente por J. Noriega, distinguido hijo de esa ciudad, organizó una pequeña fuerza formado por 400 hombres mal armados, con lo cual opusieron a los realistas la más tenaz resistencia, pero al fin fueron los patriotas vencido por el número y Alvariño y Noriega y otros mártires moyobambinos fueron pasados por las armas. Estos triunfos aunque pequeños, dieron a Cárdenas singular prestigio y llegó a organizar un ejército de más de mil hombres, con el cual se preparaba a excursionar sobre Chachapoyas para someterla y vengar en ella el desastre que sufrieron los realistas en “HIGOS URCO”.   Fácil habría sido a Cárdenas que contaba con un ejercito de más de mil hombres perfectamente armados y equipados, conseguir su propósito en Chachapoyas donde no existía ninguna guarnición ni más elemento de defensa que el valor y el patriotismo de sus hijos; pero los patriotas cajamarquinos y trujillanos en su deseo de castigar a los rebeldes y de recuperar el territorio perdido, organizaron una división a la que dieron el nombre de pacificadora cuyo mando encomendaron al Coronel Nicolás Arriola.

        La división se componía de 340 hombres entre ellos muchos chachapoyanos, emprendió una verdadera campaña en la que de ambas partes hubo derroche de valor. Cárdenas, con su fuerza salió de Moyabamba con dirección a Chachapoyas y el primer encuentro tuvo en el lugar La Ventana, donde fue batido y contenido por la división pacificadora.  El segundo encuentro se verificó en el tambo del Visitador, al lado del Río Negro, donde el caudillo destrozó el fuerte y se fortificó detrás de las trincheras. Desalojado de allí se parapeto en el pueblo de Rioja , cerca de Moyabamba, y el 13 de Setiembre se empeño un tercer encuentro más reñido que los anteriores, retirándose al pueblo de la Habana, al otro lado de la banda del río Tonchima.     

       El Coronel Arriola tuvo conocimiento de que las fuerzas de los realistas engrosaban día a día, y cuando contaba con más de 600 hombres, creyó conveniente atacar a los realistas con el objeto de exterminarlos para acabar así de una vez, con esta banda que había introducido la intranquilidad en nuestras regiones. El ataque fue decisivo, se verificó con tal brío y denuedo  por parte de los patriotas que el pánico se apoderó de los rebeldes y vino el desbande general, dejando en el campo de batalla catorce muertos, multitud de heridos y prisioneros y cinco trincheras a su retaguardia donde hubieran podido favorecerse. Algunos grupos que se internaron en los bosques se resistieron aún, pero fueron sometiéndose poco a poco debido a la enérgica persecución del ejército patriota. Me parece especial mención el valor que desplegaron en esta jornada el 2do Jefe  M. Egúsquiza, cajamarquino, el capitán Reaño, trujillano, y el capellán Fray Juan Aguilar, chachapoyano que salió herido. El 25 de Setiembre ocupó el Coronel Arriola Moyabamba, desde donde destacó una fuerte comisión a guarnecer Chachapoyas para ponerlo a cubierto de cualquier emergencia o golpe de mano de los realistas, quienes no se resignaban con la nueva situación que les había traído  el advenimiento de la Patria libre; débese pues a la acción conjunta de cajamarquinos, trujillanos y chachapoyanos mandados por el Coronel Arriola la consolidación de la paz y tranquilidad en este vasto y rico territorio que desde entonces se conservó intangible, formando parte integrante de la unidad nacional independiente. 

       La historia que no solo narra los hechos pasados, sino también nos explica sus causas generadoras al juzgar con criterio filosófico cada uno de los hechos acaecidos antes y después de la rebelión de la Colonia, nos manifiesta con pruebas irrecusables que este gran movimiento político social no puede considerarse como un acto deliberado, en el transcurso de los acontecimientos que señalan la marcha de la humanidad hacia el ideal de progreso y de justicia, meta a la cual se tiene el derecho de arribar, sea por esfuerzos propios, o por la acción mancomunada de todos los pueblos impulsados por ideática manera de pensar y sentir.

        La idea de libertad de había diseminado por los patriotas y cuando ese bien divino habla al hombre su voz es tan poderosa y persuasiva que no hay nada en el mundo que pueda acallarla. Además por un lado, España fue cruel e injusta con las colonias americanas y esa crueldad e injusticia fueron precisamente las que engendraron la rebelión; y por otro lado, había sonado ya la hora de la libertad y ésta los llamaba a todos con entusiasmo sin igual a fundirse en una aspiración común, no hubo egoísmos que dominaran las acciones de los patriotas y todavía sentían con fruición tan intensa el amor a la libertad que se hacía de todo punto imposible su aplazamiento.   

       Así lo sintieron los valientes chachapoyanos, así lo probaron en la jornada de “HIGOS URCO” en cuya gloriosa acción de armas no midieron su inferioridad en número ni en armamentos, ni su falta absoluta de conocimientos en el arte de la guerra, todo lo suplió el valor así como, la decisión de sacrificarse por la libertad y su loable deseo de ofrendar sus vidas a la Nación para legarnos una Patria libre e Independiente, grande y feliz ¡Loor a esos valientes!. Yo saludo en su vosotros, dignos herederos  de los próceres de Higos Urco. A esos preclaros héroes cuyas inmarcesibles glorias podéis ostentar  con legítimo orgullo ante la faz del mundo.  

        Este es uno de los episodios  más hermosos de nuestra historia y es deber de todo peruano, especialmente de los hijos de Chachapoyas no olvidarlo y hacerlo a la generación que se levanta para que viva orgullosa de lo que han sido sus antepasados. Los niños que hoy se educan deben forjar su alma al calor de patriotismo inmaculado, deben procurar imitar el ejemplo que nos han dejado los valientes héroes de Higos Urco, pensando que los que murieron en defensa de su patria ultrajada, nos hicieron un precioso legado de honor, del que debemos vivir orgullosos, conservándolo sin manchas y sin sospechas.  Es preciso que el niño se sienta dominado por el amor a la Patria y crezca así dotado de grandes energías, de esas que lo convertirán mañana en héroe, que se eduque en esa escuela, que temple su alma de patriota desde que hace sus primeras manifestaciones a la vida y llegará a ser el celoso cumplidor de sus deberes en todos los trances por lo que tenga que atravesar  en su existencia.

       Es necesario enseñarle que la Patria no es la obra forjada por la fantasía humana, ni una ficción mitológica, sino algo real que debemos amar con todas las fuerzas de nuestro corazón y defender con toda energía de nuestra alma. Es preciso que sepa que la Patria es una asociación de elementos particulares heterogéneos: raza, territorio, lengua, historia, carácter nacional determinado, personalidad moral, independiente de teorías políticas, comerciales, sin orden utilitario alguno.            

      La Patria es que nos garantiza la independencia y por consiguiente la dignidad del carácter. La Patria, es la que nos inculca el valor y la audacia para llevar a cabo grandes empresas.

     La Patria conmueve de igual manera a todos los corazones haciéndolos vibrar al unísono. Se le quiere  sobre todo lo que en la vida nos inspire. 

            ¡Desde hoy y por siempre, Gloria Eterna a los héroes de la Batalla de Higos Urco! ¡Viva Chachapoyas!  

P.D: Publicado el 8 de junio de 1,919 en el Bisemanario EL AMAZONAS