Esta frase trillada cuantas veces habremos expresado en nuestras vidas: Al primer amor, a nuestra madre, a nuestros hijos, a nuestra esposa o esposo. Es decir, en su momento o en algún momento hemos sentido ese natural deseo de expresar estas dos palabras, ¡Te quiero!.

 

            Anoche, como jironear por Amazonas, iluminado de tal forma que llena de emoción nuestras almas y cada paso que daba, era recordar aquella lejana infancia, adolescencia y juventud pasada por las calles de mi ciudad. Esa ciudad al cual tengo demasiadas razones para quererla.

 

            Como no quererla, si cuando nací fui como todos los chachapoyanos, un privilegiado de haber parido aquí, de haberme zurrucado  en Yance, rompiendo decenas de pantalones por vivir arrodillado jugando bolitas, al trompo y al dur-dur. Como no quererla, si cada fin de semana íbamos a Curquingue a lavar la ropa en familia y jebear pichuchos o saltar los cercos y llenarse la barriga de tanto comer moras.

 

            Como no quererla, si cada mañana de mi adolescencia, era una rutina en los estudiantes ir a leer el cuaderno o los libros en los focos de las calles y si era en Burgos mejor, donde dábamos vueltas y vueltas en los juegos mecánicos y cansados sentarse al pie del obelisco que hoy solo es añoranza.

 

            Como no quererla, si en temporada de circo, todos lacan lacan corríamos tras las comparsas para ver de cerquita al león, a los osos, a los monos, al enano, al payaso y trapecistas y luego jugar en los juegos mecánicos, la silla voladora o en las tómbolas que a cambio de unos centavos te ganabas un palo de algodón,  o un juguete como consolación.

 

            Como no quererla, si cuando estaba huaynacho, subía las calles a ver la moza, un silbido para tan solo verla a costas de las rabias del papá, o andar con las pandillas del colegio, flirtear en las esquinas o participando en los programas escolares imitando a Camilo Cesto, Leo Dan o Rabito o con un peine y un papel sacando sonidos a fuerza de pulmón.

 

            Como no quererla, sin en cada calle de la ciudad se respira a historia, a pasado y a tradición, a sonidos agradables como el brazo, el carnaval o la chumaychada, a olores memorables como el humo que emiten las ollas donde hierve el mote, el frijol, el juane, el tamal o la humita, ni que decir cuando en alguna de nuestras casonas sale el aroma del rico chicharrón o quizá los variados locros que es una dulce tentación.

 

            Como no quererla, si en sus paginas doradas de historia, se grafican las huellas de Blas Valera, Rodríguez de Mendoza, Matiaza Rimachi, Fabriciano Hernández, Miguel Rojas Mesía, o se sienten en el ambiente los pasos de La Shilve, al Manuel Negro, la Lola Ibarra y su sarta de perros, Pedro Shoro y su ñet-ñet de un imaginario acordeón.

 

            Como no quererla, si aún respiramos aires de victoria en la Batalla de Higos Urco, de gallardía e hidalguía o coraje sin igual de los bravos Chachapoya, creadores de Kuélap, Purumllacta o de las manos divinas de nuestro creador que hizo del Puma Urco, un cerro mítico, colosal para cuidar silenciosamente a nuestra ciudad.

 

            Como no quererla, si esta tierra, tuya y mía, huele a hollín de una cocina a leña que esta lista y  prendida con su fogón, a claveles y azucenas a guarapo y a Chicha de Arroz. A greda, barro y paja para hacer los adobes, a tierra blanca, tan blanca como la gente que vive en sus suelos y duerme dulcemente con la esperanza de un mañana mejor.

 

            Como no quererla, a esta hermosa mujer, que es mi amante, mi amiga, mi cómplice y mi compañera. Como no quererla a esta tierra madre y madre tierra, peor todavía no expresarla mis sentimientos a Chachapoyas, la noble y fidelísima ciudad. ¿Además de lo expresado? ¿Crees que puedo dejar de quererla?. ¡Nunca, Chachapoyas es única y como ella ninguna! ¡FELIZ DIA ESTE CINCO DE SETIEMBRE MÍ QUERIDA, VIEJA E HISTORICA CIUDAD!