A unos 40 metros del suelo se erigen los purumachos Karajía

           Son las seis y media, rumbo a Cruz Pata, anexo del distrito de Trita en la Provincia de Luya – Amazonas, planificamos nuestra visita. De nueve a una atención a niñas y niños, madres gestantes y después, obligado visitar Karajía. Era la segunda vez que voy a la zona. Esta vez estuve más cerca de lo imaginado. Casi con la mano pude apreciar la belleza y majestuosidad de unas joyas arquitectónicas que se erigen en un cerro empinado e imposible de subir. Distante a 40 metros del suelo, cinco rostros, cinco ideales y sueños eternos contemplan el paso del río Allpachaca, los eucaliptos y los distintos caminos de herradura por donde caminan visitantes para apreciar esta belleza.

LOS PURUNMACHOS

Los “Purunmachos”, como les dicen los lugareños de Cruzpata, o los mejor conocidos “Sarcófagos de Karajía”, que también le dicen “rostros fuertes” fueron expuestos al mundo en 1984 gracias a las investigaciones del arqueólogo Federico Kauffmann Doig, causando de inmediato gran expectativa en el mundo arqueológico. Estas singulares muestras de los rituales mortuorios de la cultura Chachapoyas fueron elaboradas alrededor de los años 1000 a 1300 d.C.

En el museo de la localidad se encuentran estos restos hechos de barro y paja

Su ubicación es estratégica: están colocados en los filos de un farallón de roca calcácea, como si los hubieran dejado ahí para que vigilaran el desarrollo de la vida (porque encaran el abismo) desde las cumbres de la muerte. En realidad, parece que los Chachapoyas dejaron ahí a sus grandes señores (es comprobado que estos sarcófagos pertenecían a grandes señores) para evitar que en años posteriores pudieran saquear sus sarcófagos.

Los sarcófagos son elaboradas esculturas que miden más de dos metros de alto y constan de cabeza y busto, formando una compacta cápsula funeraria de barro enlutado. Las cabezas están decoradas con un cráneo trofeo, los rostros son planos y anchos, y el resto del cuerpo está diseñando con motivos geométricos. Hasta ahora se están buscando explicaciones de por qué los antiguos Chachapoyas colocaban los sarcófagos en grupos de 4 a 8 ejemplares.

La montaña es roca que se desmorona en nuestras manos. Sus colores son impresionantes. Sobre esta base se ubican los Karajía

LA RUTA

La ruta obligada es de Chachapoyas a Cruzpata que dura hora y media aproximadamente. El trayecto es del todo placentero por la variedad de paisajes y localidades que se recorre: Cáclic, Luya, Conila-Cohechán, Chocta y Cruzpata. En este lugar se puede tomar desayuno y un recorrido de quince minutos son suficientes para contemplar anonadados tanta proeza humana y destreza artística para que en base al barro, la paja y sogas de cabuya se pueda hacer sarcófagos que perduren por mucho tiempo. La primera impresión que se tiene es asombro, luego incredulidad, ya que una cosa es verlo por las fotos que se publican en google o vídeos en youtube que verlo directamente con nuestros ojos. Contemplarlos es una maravilla, parecen dioses del Olimpo Chachapoya, que desde el lugar en que se encuentran parecer atalayas que vigilan el futuro, que observan en silencio el paso del tiempo, que contemplan sigilosos y con la mirada inerte el paso y la historia de su pueblo.

Anibal Ramos el museólogo de la zona

MAS QUE BARRO Y COLORES

Cruzpata, aquel centro poblado que salió del anonimato en la década de los noventa porque un grupo de osadas niñas fueron campeonas regionales de voleibol, encierra en su territorio leyendas, historias y un museo de sitio digno de visitarla, ya que en ella puede encontrar vestigios y reliquias de lo que fue los Luya Chillaos, aquellos pobladores que habitaron la zona y encumbraron con su arquitectura al mundo preinca.

En pequeño museo de diez metros cuadrados, es sabiamente ordenada por su agente municipal, Aníbal Ramos, quién es todo un personaje, por su bagaje cultural y el cariño que tiene a su terruño. En un breve diálogo que tuvimos, recibí tanta información que a uno lo sorprende por los hechos y por los acontecimientos relacionados a estas historias. Así tenemos que hace mucho tiempo en Lapac vivía una señora que le decían “Vieja Casharaca”, que tenía una peculiaridad, tener los vellos púbicos como púas, de allí que nadie podía ser su mujer, ya que las púas impedían el encuentro sexual. Además dice nuestro relator, que tenía una peculiaridad, donde orinaba se quedaban capas de sal. Como siempre, a lo lejos escucharon venir a la Casharaca, porque era costumbre escucharla gritar ¡Quiero uso, quiero uso! . Uso en el argot regional está asociado al sexo. De tanto viajar por los pueblos, llega a Chiliquín y allí un osado hombre se viste con cuero de oveja y la hace suya, pese al dolor que ocasionaba los pinchazos de las púas. Dicen que luego del placer, la Casharaca, la convirtió en sal y desde hoy al lugar del encuentro amoroso fatal es conocido como Yurumarca.

Plaza principal de Cruzpata

Muchas historias se cuentan en el lugar. Muchas imágenes trastornan nuestra mente. Muchos sentimientos surgen de nuestra conciencia, pero sobre todo perdura la magia, lo místico de una ligera visita que eternamente se queda impregnado en el recuerdo de todo aquel mortal que visite Karajía. Un lugar, un ideal, un pedazo de tierra que muestra al mundo la grandeza de nuestro pasado y la riqueza histórica de Amazonas.