CHACHAPOYAS Y LA SEMANA SANTA
Si bien es verdad, Ayacucho tiene la fama nacional de ser el centro del fervor religioso de mayor arraigo en esta parte de la tierra en Semana Santa, sin muchas pompas, en un silencio público pero con una fe inquebrantable que ya llega a los 470 años, Chachapoyas en cada barrio, en cada una de sus iglesias, recuerda la pasión y vida de JESUS.
LAS DEVOCIONES
Desde una semana antes que se recuerde el mayor sacrificio humano en la historia universal, hecho por una persona para salvar al mundo del pecado, las familias devotas que en su casa han protegido durante un año, sea la corona, los clavos.
Es una sana y ancestral tradición de las familias que han velado por un año alguna de las piezas que simbolizan el sacrificio de cristo, invitar mediante tarjetas a vecinos y conocidos para que acompañen en el traslado de las ofrendas. Previamente somos generosamente invitados a tomar un vino, un plato tradicional chachapoyano y terminar con una tasa de café y su semita. Luego al ritmo de una banda local, portando nuestras velas coloridas y llenas de perfume, vamos a la velada en la iglesia indicada. Una de las zonas más fervorosas de la ciudad es el tradicional barrio de Santo Domingo.
LOS ALTARES
Cada iglesia destinada a las velaciones, preparan sus respectivos altares con una destreza singular, que llegado su momento y por la distribución de las luces, las figuras parecen reales, pese a estar plasmados en yeso o telones. Los devotos de cada barrio organizan y planifican sus alegorías con tiempo y muestran lo mejor de su arte a cientos de vecinos que por las noches, recuerdan los tres días más angustiosos de un hombre desde su travesía por el calvario a la muerte y su eterna resurrección.
Estos altares, en su tiempo eran dirigidos por la familia Grandez y Molinari Alvarado, hoy destaca Adolfo Santillán Puerta, que cual Miguel Angel, derrama creatividad, ingenio para que sus cuadros religiosos duren por siempre en cada mirada, en cada oración de los devotos chachapoyanos.
LAS PROCESIONES
Se inician con el Domingo de Ramos, donde se recuerda la entrada de Jesús a Jerusalén. Un burro, una mano que lo guía – que esta vez no tuvo a Don Benjamín Villacrés – marcha lentamente el Cristo vivo y triunfante por diversas calles de la ciudad. Miles de ramos bendecidos por el Obispo, se elevan para saludar el paso del redentor. Cientos de niños sobre los hombros de sus padres observan las escenas, muchos ojos vidriosos testifican el paso y los corazones aceleran su ritmo al imaginarse lo que en su tiempo ha sufrido el Hijo de Dios en las manos de sus asesinos.
La Semana Santa en Chachapoyas, esta marcada por el peso de una tradición histórica, que se repite anualmente en toda la comunidad cristiana. Son cuatro días de fervor religioso. Son cuatro días de paz espiritual. Cuatro días, donde la mente y el cuerpo se transforma y recuerda la vida, obra y actitudhumana, de un hombre que sacrificó su vida por el resto de los comunes mortales.



