ORTIZ ARRIETA: EL SANTO CHACHAPOYANO

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    Cuando el 8 de diciembre de 1891 se abren las puertas en tierras peruanas el oratorio salesiano, entre cientos de niños del Rímac que participaron de los juegos con los sacerdotes salesianos, hubo un niño pequeño, tímido que con el tiempo sería uno de los sacerdotes y obispos peruanos de mayor trascendencia: OCTAVIO ORTIZ ARRIETA.      

   

Nace en Lima el 19 de abril de 1879, fruto de la relación de Manuel y Benigna Coya, que con sus ocho hermanos formaron una familia muy unida y modesta condición económica, pero rica en fe cristiana. En el año de 1893 en compañía de 40 niños más, es admitido en la escuela profesional de los salesianos, donde fue aprendiz de carpintería. Por sus virtudes, Octavio Ortiz Arrieta, el 4 de mayo de 1898 es admitido en el noviciado saleciano, convirtiéndose en el primer sacerdote de esta congregación en el Perú, el 27 de febrero de 1907. Sus tareas sacerdotales las realizó con esmero en Piura, Cuzco y Callao, siendo elegido obispo de la lejana Diócesis de Chachapoyas a los 42 años de edad. Chachapoyas, sería testigo directo de sus obras, vida ejemplar y de santidad. 

EL OBISPO OCTAVIO      

   Monseñor Ortiz Arrieta había conocido la pobreza de los barrios obreros donde había nacido, una pobreza que con el trabajo y el esfuerzo lo podía vencer. Ahora tiene que conocer la otra cara de la pobreza: la de miles de pueblos indígenas, antiquísima, cristalizados por un sistema de propiedad feudal. Chachapoyas, estaba dividida entre las grandes haciendas de los patrones, de otra parte la de los agricultores independientes que vivían en las comunidades indígenas de la sierra. Sabía que tenía que lidiar con un gobierno central lejano y distinto de esta zona. Sabía que tenía que iniciar una revolución cristiana y social paciente, a fin de cambiar el rostro histórico de la Diócesis, que carecía de carreteras, caminos de herradura, puentes, agua, luz y desagüe. Es decir abandono total. Era necesario levantar la voz con dignidad, para abrir los ojos de las autoridades centrales y conseguir todo lo que fuera posible 

OBRAS SOCIALES 

    Desde el primer año abrió una escuela nocturna para aquellos trabajadores que no habían tenido la posibilidad de instruirse. Puso a disposición los locales del Seminario. Más tarde abrió la escuela rural para mujeres y después el Colegio Nacional de mujeres. Organizó un Centro Cultural para adultos, invitando a notables docentes para los ciclos de conferencias. Varias veces intervino ante el Presidente de la República para que se construyesen los caminos necesarios para poner en comunicación su zona andina con el resto de la nación. En 1932 y en 1937 se construyeron dos grandes trozos de carretera que permitieron a su gente salir de aquel aislamiento antiguo que lo llevaba a una especie de fatalismo. Publicó el quincenario “El amigo de las familias”, dando a conocer a nivel nacional los problemas de su Diócesis. En 1936 vio realizado otras de sus iniciativas que había patrocinado: la electrificación de Chachapoyas y de las zonas vecinas. En el mismo año pudo bendecir la construcción del Hospital de Chachapoyas. En el centenario de la fundación de la ciudad, obtuvo junto a otras autoridades la instalación del servicio de agua potable y la dotación de una estación radiográfica para las comunicaciones con la capital y las otras ciudades del Perú. 

DE HOMBRE A SANTO 

     Durante su misión pastoral, Octavio Ortiz Arrieta, marcó la diferencia con sus antecesores y los que en el futuro le sucederían. Su trato, amabilidad, paciencia, profundo amor y devoción han hecho que hasta hoy sea recordado por toda la grey amazonense. Hasta hoy hay voces que cuentan una serie de historias sobre él: Milagros, anécdotas, sonrisas y la mano tendida para el pobre, el desposeído. Cuentan sus largas e interminables misiones pastorales, a lugares que llegaba era fiesta durante su estadía. No era pretencioso. Era un hombre que sabía su misión en la tierra. Tuvo la oportunidad de ser Arzobispo de Lima y primado de la iglesia catoliza en el Perú; ante la ofrecimiento del Nuncio Apostólico, rehusó el cargo porque dijo que se había casado con su Diócesis. Más pudo su amor a Chachapoyas, que cuando iba a morir, dijo para la historia una frase que sigue grabado en la mente de los chachapoyanos: “Pido perdón a todos por mis pecados, que María Auxiliadora nos proteja siempre” El primero de marzo de 1958, a los ochenta años muere en olor a santidad. Una multitud nunca antes vista acompañó a su entierro. Dicen que antes de poner en su sepultura, dos palomas blancas se posaron en su féretro, como si fuera el Espíritu Santo que bendecía delante de sus hijos el cuerpo inerte de Octavio Ortiz Arrieta, el santo limeño de nacimiento, Chachapoyano de eterno corazón.

Lunes, 03 de Marzo de 2008 10:12. Autor: mcabanas. #. Tema: PERSONAJES.

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gravatar.comAutor: OTTO MORI TUESTA

MI QUERIDO CIEGO

Un saludo a la distancia. Tu blog nos mantiene viva la imagen de nuestra tierra y reconozco el esfuerzo que haces en esto. Claro que como eres engorroso eso te apasiona pero así engorroso eres un personaje valioso para los que te estimamos. Un abrazo, ya nos veremos por chuncholandia.
Otto Morris

Fecha: 05/03/2008 17:37.


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