FEBRERO MES DE LAS HUMISHAS, AGUA Y DEFORESTACION

Recuerdo en mi infancia que los carnavales eran los más celebrados en las vacaciones, porque además de bañar a las vecinas, nos regalaban las serpentinas, talco en bolsitas, chisguetes y un montón de globos para jugar. Eran juegos generacionales y muy familiares, donde había mucho respeto al anciano, a la persona que no quería jugar, a la niña o niña que decía más tarde o la señorita que sabíamos que iba al trabajo.
Recuerdo que con los mayores nos íbamos al monte (Santa Isabel) a traer el famoso árbol para que sea la humisha o yunsa, teniendo cuidado que sea el más enclenque, el menos bonito, el que menos futuro tenía. Nos decían los “viejos” que no vale cortar lo mejor, porque los dueños viven de la madera. Había, por lo menos en mis vecinos, ese sentido de la responsabilidad, de lo que hoy nos es ajena y nos hace falta.
De aquellos años de infancia, han pasado más de tres décadas. El ánimo por el agua pública, por lo globos, por pintarse la cara ha pasado a un segundo plano. Me gusta ver a mis hijos cuando se mojan. Cuando se corretean para “pescarle” un globo en la espalda o cuando hacen el corralito a otros amigos y les bañan hasta el alma. Son nuevos tiempos. Son tiempos que se reciclan, que se regeneran y que toman nuevos y otros rumbos. Pero lo que no cambia son las tradicionales yunsas, que es motivo de preocupación nacional.
CARNAVAL IGUAL A DEFORESTACION
En Chachapoyas, en los últimos días oficiales del carnaval, he visto sembrar en cada avenida, barrio y urbanización popular cerca de 100 árboles de eucalipto para que luego de ser adornado como se debe, sea motivo de una juerga colectiva y popular. Según los expertos ambientalistas, para que los árboles que se plantan puedan desarrollarse adecuadamente, tiene que plantarse en un diámetro de tres por tres, lo que da una suma de 1,000 árboles por hectárea. Si hacemos un diagnóstico muy general sobre los eucaliptos y otros árboles que se cortan en el Perú, fácilmente estaríamos hablando de 10 hectáreas de tierra deforestadas solo en un mes para fines festivos y nada productivos y totalmente perjudiciales para el ecosistema, para el calentamiento global, menos para sostener el equilibrio ambiental que tanto se pregona en el siglo XXI.
Naturalmente, que los carnavales sin yunsas o humishas no son carnavales, diría usted. Sin embargo en diversos paices del mundo, el corte del árbol. Estas viejas costumbres no se usan en Bolivia, menos en Brasil, donde el carnaval es exhibición, belleza y fiesta general. La relación hombre-árbol se acentúa mucho en estas épocas, donde la fuerza bruta y la emoción hacen que la vida sea más complicada para todos en el futuro. En carnaval se tumba o corta un árbol y casi nunca se reemplaza. Esa es una de las razones porque la amazonía, llamada el pulmón del mundo se viene quedando sin reservas: No hay capacidad ni políticas serias a nivel nacional para regenerar lo que la naturaleza nos lo da y totalmente gratis.
DEFENDAMOS LA NATURALEZA
En el mundo existe una seria preocupación por el medio ambiente. Tal es así que en algunas partes del Perú, mediante decretos ú ordenanzas municipales se han tenido que prohibir el corte de las yunsas en las vías públicas y por razones diversas: Para evitar las peleas callejeras, actos de violencia, etc. Un árbol se mide por su valor ecológico; debe tener la capacidad de producir oxígeno, capturar partículas contaminadas del ambiente y disminuir el ruido y el polvo. El árbol sirve para equilibrar el suelo donde vivimos, sin ella la vida tendría otro derrotero. Se afirma que si ahora no existe un plan agresivo de reforestación en las cuencas de Aspachaca y Tilacancha, no tendríamos agua dentro de 20 años en Chachapoyas. Y todos sabemos que sin agua, no existe vida.
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Autor: samanta
Fecha: 19/04/2008 15:34.



