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LIMA: ¿LA CIUDAD DE LOS REYES O AMBULANTES?

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       Por esas cosas fortuitas que nos da la vida, salgo una vez al año de la tierra, para ingresar a la vorágine, al vértigo, a lo casual, lo contradictorio, a la metrópoli de Lima, para gozar de sus atractivos y sus desencantos que son una tortura emocional a todos aquellos que amamos la libertad, la tranquilidad y la familiaridad amazonense, que donde sea que estemos y en cualquier lugar de nuestro terruño, nos pasamos la voz, nos damos una palmada de alegría, donde “somos alguien” y en la capital del Perú, somos uno del montón, de los ocho millones que deambulan buscando una oportunidad para ser vistos o escuchados.      

       No cabe duda que Lima a cambiado y mucho con la creatividad del equipo que acompaña a Luís Castañeda en la municipalidad de Lima y quizá por ello sigue captando la atención de miles de provincianos que día a día arriba a esta ciudad para lograr sus sueños o encontrar lo que en su lugar de origen nunca lo alcanzará. Queramos o no, Lima sigue siendo el “monstruo de las mil gargantas” que como casi todo lo que produce el Perú. Bueno, pero eso no es el motivo de este comentario.       

      Entre los primeros 100 años de creada Lima, fue bautizada como la “ciudad de los reyes”, la “ciudad jardín”, ahora en el siglo XXI es la “ciudad de los ambulantes” que por donde uno vaya, antes que una oportunidad para favorecer las colas ú otras actividades se convierten en un estorbo que realmente nos hace perder la paciencia.            

         Si vas a los centros comerciales, docenas de personas te ofrecen bolsas de todos los tamaños, si jironeas por Unión, cientos de peruanos venidos de la sierra y cargando sus hijos te piden propinas con el clásico estribillo “una limosnita por amor de Dios”, si subes a los micros, ya te enfrentas a un guitarrista, un niño o niña con un par de maracas, las clásicas tres canciones y mal entonadas, un loco con una jeringa que tiene SIDA, un pata arrepentido que salio de la cana, una señora que te da  su bendición y te llora para que le compres un caramelito, un rayao que se mete dos cucharas en las narices y te pide diez céntimos y en vez de apoyo es rechazado por el mal aspecto de su rostro o un tío que te dice unas cuantas bobadas y no te vende nada, solo para viajar gratis en el colectivo. Y esto es el pan de cada día limeño, que rompe todos mis esquemas provincianos, donde la vida es eterna sin miedo a los choros, a la bulla y también a los ambulantes. Y eso que no hablo de locos, locos y locos y locas recontra locas.           

       Lima es la mega ciudad creada por el centralismo, donde tiene todo al alcance de una mano, siempre y cuando se tenga plata. Ese precepto nacional la hace irresistible para poseerla. Ya no es la ciudad de la mazamorra, del suspiro limeño, del vals o de la marinera. Ahora es chola y serrana. Es de todas las sangres y de todas las razas. Es de la chicha, del huayco, de las bellas mujeres que se disfrazan de empleadas domésticas, de los combis, del desenfreno, de Magali que jode a la gentita de choliwood, de los alzaos que ayer pateaban latas y hoy son los menes de la parada, de la cachina, de la papa, del pollo, hasta de los prostíbulos de baja monta. Y también de los ambulantes.           

           Tuve mi oportunidad de vivir en esta ciudad, en la época dolorosa de la subversión, de la hiperinflación. Cuando llegue a Lima me hice una franca promesa de conquistarla. Lo hice sacando un título profesional y hoy convivo con la gente de Amazonas, orgullosamente de mi pasado y mi presente, lejos de la bulla, del smog, de la pobreza, de las lágrimas de cocodrilo y los dolores de cabeza que deben causar a millones de “limeños” ese grueso grupo de peruanos ambulantes que siguen buscando la oportunidad para dejar su calamitosa situación en la que viven actualmente. Lima es el contraste, la que se vende por televisión y la que se vive realmente. La que crece económicamente, como el distrito de Los Olivos y la que se cae a pedazos como el centro histórico.        

         Eso es Lima, la que en verano su cielo trata de ser a veces azul y que durante casi todo el año, tiene el color de panza de un burro. Pese a todo Lima sigue siendo Lima.                             

Viernes, 23 de Febrero de 2007 03:14. mcabanas #. ACTUALIDAD

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gravatar.comAutor: jorge varas

Para mí Lima es la "Ciudad de los Migrantes", porque no deja de eructar el fenomeno de la migracion, esconde en sus entrañas a miles de personas que un dia llegaron con el sueño del porvenir mejor. Los migrantes trasformaron la Lima apegada a los recuerdos y costumbres aristocraticos, la transformaron con su comercio ambulante, sus barriadas e invasiones, su cultura regional, en una Lima diferente, la que vemos a diario...De Lima la Horrible, (como la llamó Sebastian Salazar Bondy) a Lima La Migrante como la llamo yo por todo lo que es y representa en la actual realidad de nuestro pais...


Fecha: 12/09/2008 13:47.


gravatar.comAutor: ivet riveros

pues lo unico cierto es q nos da mucha pena toda esa pobresa pero no hacemos nada por ayudar y solo damos compacion a esas personas

Fecha: 17/12/2008 16:31.


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