EN CHACHAPOYAS: EL NIÑO QUE HACE MILAGROS

En el Perú, se dice, de acuerdo al SENAMHI, que la presencia del niño será catastrófica en muchos lugares del país. Un augurio tecnológico y científico que nos pone los pelos de punta a todos los peruanos, sobretodo a los que vivimos en departamentos mediterráneos como Amazonas. Pero por sobre todas las cosas y predicciones siempre existen excepciones.
En mi tierra, la ciudad de Chachapoyas, existen muchas historias, que quiero compartirlas con ustedes: "Tengo 26 años, no podía tener hijos, mi esposo por esta razón quería abandonarme, hice una promesa de visitarlo todos los domingos y ahora tengo dos hijos y mi esposo tiene trabajo permanente y estoy muy agradecida y vivo feliz". Mi amigo Sócrates Vento, abogado de profesión, me dice, que el sabe que cuando la fe es muy fuerte, el niño te mira y se ríe. Me cuenta que su mamá lo confecciono en vida decenas de ropas y su zapatito de plata. Mi amigo "gallito" desde que los cohetes, no se reventaron en sus manos, tiene más que un compromiso con él. "El cabezón" Poémape, me cuenta que este año, le espero para que cumpla su compromiso de llevar a casa un boto, y vaya que así fue, ya que la fiesta se realiza religiosamente el 6 de enero de todos los años y el 2007 se realizó el 27 de este mes
LA HISTORIA
Corría el año de 1,965 y siempre se celebraban las festividades de Santa Ana en el emblemático barrio de Luya Urco, Doña Matilde Puerta, motiva a Doña Natividad Gallardo Bardales para que las cuatro guaguas del voto que sobraba sea motivo de festividad y alegría para el niño que tenía en su casa para que realice sus velaciones y desde esa fecha hasta hoy, dejó de ser una celebración familiar para formar parte de las tradiciones de la ciudad de Chachapoyas.
El niño, que pese a tener cuarenta y dos años, es una figura pequeña, un poco más grande que nuestras manos. Tiene una mirada tierna pero profunda, como si te desnudaría el alma. La noche que lo vi, vestía de dorado y en el pecho una paloma plateada, volando, volando al infinito, como quien busca los deseos de la gente que cree y participa de sus fiestas.
Como era un encuentro de familia el boto era pequeño, hasta llegar con el tiempo a ocho y por ende la casa quedaba chica para tanto visitante y fervoroso creyente que veía en "El niño" el guardián y protector de sus deseos.
Han transcurrido 42 años. Cientos de botos han pasado de mano en mano. Familias de "alta sociedad" y de todas las razas y colores han realizado religiosamente sus devociones, que en sus aguinaldos que se inician en noviembre de todos los años, reflejan su devoción y gratitud a una pequeña imagen que representa al hijo de Dios, que cumplidos los treinta y tres años murió en la cruz para salvarnos a todos de nuestros pecados.
MÁS QUE UNA INVITACIONParticipar de estas celebraciones, es cuestión de voluntad antes que una tarjeta. Es escuchar el rumor popular que dice: Ahora es el día del "Niño que hace milagros" y la gente se prepara para la misa en la capilla de la "Mama Asunta". Terminada ella, vamos a la casa donde la familia Aguilar – Gallardo en pleno nos da la bienvenida con la riquisisisima chicha de arroz, un buen vino y la variedad de botos que esperan la buena voluntad para llevarlo a casa y pensar su "yapa" para el año que viene. Luego viene las humitas su café cargao y ya entrada la noche, como para arreglar el cuerpo, un buen plato de aguadito.
Es una fiesta donde rápidamente te hacen de familia. La casa tiene la característica de las viviendas coloniales, con su patio y su huerta grande y su amplio salón para el baile y de fondo una típica banda de músicos chachapoyanos que tienen más que un compromiso, ya que donde se encuentren vienen para animar la reunión y hacer que las parejas se deleiten escuchando las tonadas del acordeón, trompeta, clarinete, tarola y el bombo. Es una fiesta que vale la pena disfrutar.
Es la primera vez que participo de esta reunión y creo que valió la pena para conocer más sobre las tradiciones de mi tierra. Esa tierra que no se cansará de dar sorpresas al mundo. Siento que mi tierra, mientras tenga a familias piadosas como los Aguilar – Gallardo, siempre será única y excepcional, y me alegro de formar parte de ella.
¡Ah! Me olvidada, si tienes la voluntad de participar en esta fiesta y quieres llevarte un boto a casa, tienes que separar con anticipación ya que el deseo de demostrar la fe y gratitud al "Niño que hace milagros" es bien arraigada en Chachapoyas. Es por ello, que hemos hecho con la familia una promesa de recoger el boto del "cabezón" para seguir la tradición y formar parte de esta nueva generación que quiere seguir cultivando, a parte de la tradición, una fiesta donde dejamos de lado nuestras actitudes, para ser humanos y mortales ante tantas gracias que Dios nos da.
"El niño que hace milagros" los espera en enero en Chachapoyas para que juntos compartamos en una oración, nuestras esperanzas y sueños, que desde hoy estoy seguro que se harán realidad.
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La única promesa que le hice al verle su rostro, era escribir este artículo y espero que les guste a todos, como a mí.



