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             Con la compañía de algunos amigos de Holanda, además de la familia, un fin de semana visitamos la localidad de San Juan de Sonche, quizá el distrito más pequeño de la provincia de Chachapoyas, que pese a su riqueza escondida, es evidente la pobreza social y económica de sus habitantes. Por sobre esas cosas, se levantan con una cálida sonrisa, un sincero abrazo para mostrarnos su dulzura y calidad humana del cual tanto admiramos.       

      Sonche, que antaño formaba parte del distrito de Huancas, se ubica a 1,680 m.s.n.m en la ruta al Valle del Huayabamba y a 20 kilómetros de la capital de Amazonas.  En el trayecto se aprecia los impresionantes cañones que se cortan para dar paso al caudaloso río Sonche, donde además de truchas pueblan bajo sus aguas y piedras las riquísimas carachamas o cashcas, cual herederos de un pasado misterioso, conservan cual escudos gruesas placas como piel. En la misma ruta nos encontramos con la Vacahuishca, una figura antropomórfa que se forma a la distancia en el cerro muy cerca de Rumishitana. Más allá una cueva inmensa donde aprendices de brujos estafan a la gente. Hacia San Juan de Sonche, se une la belleza de nuestros paisajes, cerros verdeazulados, que hacen juego con el cielo siempre azul de Chachapoyas. Un pueblo, una campiña, una aldea o lo que sea. San Juan de Sonche es un eslabón más en la historia de Amazonas.     

        Mientras nos preparan los cuyes, cargando mochilas y amigos del “viejo mundo”, paseamos por sus calles algo empinadas pero conservadas, más aún, cuando cuentan con cunetas bien acondicionadas. Pequeñas pero agradables guayabas, chirimoyas apetitosas, limas agridulces, café orgánico, plantones de caña, uno que otro rostro que nos mira en las puertas semiabiertas, son parte de un pequeño lugar con olor a mi tierra. Mi tierra que se renueva constantemente de fe.       

      Lo que resalta y a lo lejos, es la torre de su iglesia que huele a pintura fresca. Las gruesas paredes del templo, más anchos que mis brazos extendidos, resalta por sobre todo el pueblo. Don Andrés, el portador de las llaves y agente pastoral nos invita a conocerla. Un grande y largo salón semi vacío es lo que ven nuestros ojos y al fondo un altar en reconstrucción nos muestra parte de su riqueza. Aquí vive en compañía de Santa Rosa de Lima, San José y San Juan, la otra Virgen de Asunta, muy diferente a la de Chachapoyas, pero igual de bella. Detalles impresionantes son los que resaltan en estas obras, que no parecen humanas. La Santa Rosa de Sonche, no tiene corona de flores, un sombrero con detalles de alto relieve cubre su cabeza, su vestimenta desaliñada, preserva la calidad de su contextura. ¡Muy especial!.           

      Detrás de una simple cortina y con encendedores prendidos, ingresamos  a lo que sería un depósito, en medio del polvo nos encontramos con dos Misales Romanos, uno de ellos impreso en Bélgica pero redactados en latín. Entre sus hojas destruidas por el tiempo y los hongos, se rescata que fue elaborado el año de 1351. ¡Aquí está su riqueza!. Y Don Andrés y su pueblo, quizá ni lo den la importancia debida.  En los palos de madera que fungen de vigas, entre un castellano mal escrito y un latín castellanizado se lee que este templo fue construido en 1812 y sí que es una reliquia cultural. Muchos tesoros escondidos, flashes para el recuerdo de las riquezas de San Juan de Sonche, testimonian esta historia de su existencia, antes que desaparezca.        

     Tanta riqueza tentadora, debe ser motivo de una reflexión de las autoridades de la zona para poner a buen recaudo estos bienes que son patrimonio de la nación.   

      Después de los agradecimientos por la atención recibida, con la sorpresa de mis amigos y la satisfacción de la familia, regresamos a Chachapoyas acompañados e iluminados por una blanca luna llena y unas cuantas estrellas que se apagaban e iluminaban como si fueran lágrimas celestiales. Cada alejamiento del pueblo, era para acercarse más a su historia y mi compromiso para escribir este artículo. Sonche, es un eslabón que será preciso mencionarla para reconstruir nuestro pasado y fortalecer nuestra identidad amazonense.